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Elegir los guantes

Miriam Aguilar
por Miriam Aguilar Publicado en 10 de enero de 2011

Los guantes son un accesorio esencial. Los llevamos para resguardar las manos del frío, en eventos, en una boda, por ejemplo, etc. En muchas ocasiones son un gran aliado y aún así, a veces, cuesta llevarlos con glamour, elegirlos y combinarlos. Por eso, a continuación, te damos unos conejos para aclarar algunas ideas.

Los guantes: los principales aliados del invierno

Todas sabemos que el invierno no es la estación del año más glamurosa: la nariz nos gotea, escondemos el pelo debajo de un gorro, el cuerpo se sumerge en capas y capas de ropa..., ¡por no hablar de los guantes! Esa prenda que en ocasiones resulta tan poco estética y femenina, pero que, en realidad, son un accesorio indispensable para las manos cuando las temperaturas descienden en picado. ¿Existen guantes que nos calienten las manos, que sean elegantes y con los que al mismo tiempo podamos apretar los botones del smartphone? Está claro: elegir los guantes se ha convertido en todo un arte.


Cuando aún no haga demasiado frío podemos comprarnos unos mitones. Son prácticos tanto en invierno como en verano y nos darán un toque estudiantil un tanto desfasado. Elígelos de un único color, a poder ser un tono sobrio. Quedan estupendos con un gorro y una bufanda de lana larga. La punta de los dedos quedará al descubierto, así que es de obligación llevar las uñas perfectamente arregladas, con la manicura hecha o pintadas. Y puedes elegir entre tejidos completamente diferentes: desde algo tan tradicional como la lana, hasta texturas mucho más técnicas. ¡Todo es posible!


Si buscas un look más vintage, cómprate unos guantes de cuero. Quedan muy retro si los combinas con una boina o un fular de seda, le darán un toque de glamour a tu modelo... ¡Te verás como una auténtica estrella de cine! Los encontrarás en tonos vivos, con cortes trabajados, decoraciones, perforaciones, etc., y con fantasías en amarillo, violeta, rosa...

Sin embargo, cuando el frío aprieta, lo mejor son las manoplas. ¡No queda otra! El tiempo de enfundarse las grandes y llamativas manoplas de esquí de colores fluorescentes ya pasó. Ahora son de lana, de un color diferente al de la bufanda y, a poder ser, a conjunto con el gorrito. Ahora bien, la lana, igual que nos calienta, puede humedecerse y perder toda su capacidad térmica en un momento. De ahí que existan las manoplas acrílicas, que retienen con menos facilidad el agua. El inconveniente es que la capacidad de retención del calor de este tipo de guantes es prácticamente nula. Una buena solución pueden ser las manoplas forradas. Para unos guantes de lana calentitos, opta por el forro de seda, polar, cachemira o incluso por el de piel natural.

También están los guantes más sencillos del mercado, con un orificio para cada dedo. Aparte de la lana, seguro que encuentras tejidos menos tradicionales. Y lo mejor es que con este tipo de guantes te puedes permitir cualquier fantasía: colores atrevidos, pompones, etc. No dudes en combinarlos con todos los colores. Y desconfía de los guantes de deporte, los materiales técnicos no siempre son fáciles de combinar.

La talla
Encontrar unos guantes que nos vayan bien es tarea complicada. Al contrario de lo que solemos pensar, no es la longitud de los dedos lo que cuenta, sino la de la mano: desde el pulgar hasta las articulaciones de la palma. La talla más común entre las mujeres suele ser la mediana. Si elegimos ésta, habrá pocas probabilidades de equivocarnos.


El mantenimiento

En invierno los guantes, como el cuerpo, se humedecen más que a menudo. Para que conserven su textura, color y forma inicial hay que seguir algunos consejos. Cuando la prenda parezca desgastada, frótalos con un poco de leche para bebés por la parte exterior. Verás cómo recuperan el brillo.

Cuando estén mojados o húmedos, el procedimiento es diferente: empieza secándolos, mantenlos alejados de la fuente de calor y bien extendidos. Así, los estiraremos de nuevo y recuperarán la forma. A continuación, dales brillo frotándolos suavemente con la palma de la mano.

Si, sin embargo, quieres darles un toque vintage, o arrugado, no hace falta que hagas nada. Déjalos secar sin aplastarlos y..., ¡listo!

por Miriam Aguilar

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