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La dieta para un hombre

Elena Bonet
por Elena Bonet Publicado en 22 de julio de 2009

Igual que las mujeres, los hombres tienen tendencia a engordar si no tienen cuidado, sobre todo con la edad. Mientras que en otros tiempos no prestaban atención a su línea, hoy si tienen un interés creciente. Éstos son nuestros consejos para ayudar a tu “Pepe” a deshacerse de sus michelines.

El sobrepeso masculino
En Francia, uno de cada 6 hombres menor de 30 años, tiene sobrepeso. Entre los 30 y los 40, esta proporción se duplica. Matrimonio, hijos, situación profesional: cuanto más se acomodan los hombres en su vida, menos se mueven, más comen... ¡y más engordan!
Al contrario que con la mujer, la localización de la grasa en los hombres se focaliza en el abdomen, lo que se comprueba peligroso desde el punto de vista de los riesgos cardio-vasculares y del aumento de las constantes sanguíneas (triglicéridos, tensión, diabetes, colesterol...). Un hombre con sobrepeso tiene entonces que adelgazar no sólo por razones estéticas sino también sanitarias. Así, se considera que existen riesgos para la salud cuando el IMC es superior a 25 y la cintura mide más de 102cm, o cuando la cintura es mayor que las caderas, sea cual sea el IMC.

Sus puntos débiles
- Los hombres se sienten atraídos por los alimentos ricos en proteínas y en grasas (carnes rojas, charcutería, quesos...) que se muestran energéticos y nefastos para la salud. Les gusta el azúcar y los productos azucarados, igualmente calóricos.
- Tienen tendencia a beber mucho alcohol. Pero, con siete calorías por gramo, el alcohol es traicionero.
- Son numerosos los que tienen comidas en un marco profesional: es difícil limitarse a una ensalada cuando se come con un cliente.
- No les gustan demasiado las frutas y las verduras, a no ser que estén fritas con crema, mantequilla...
- No desayunan, o peor, se comen dos croissants por el camino.
- No se interesan por el equilibrio alimenticio, no tienen ningún conocimiento dietético.
- Les gusta comer, y les da pena restringirse o decir no.

Sus puntos fuertes
- Los hombres queman de manera natural más calorías que las mujeres. Poseen, en efecto, más músculos y menos tejido adiposo que ellas (del 10-15% de grasa frente al 20-25%), y es precisamente la masa muscular la que consume más energía.
- Adelgazan rápido. Con el mismo régimen, una mujer pierde 3Kg mientras que un hombre pierde 5. En un hombre, la velocidad de adelgazamiento es un 25% superior a la observada en una mujer.
- En general, han seguido menos regímenes que las mujeres y pierden, por consiguiente, más fácilmente. Los organismos de éstas últimas se vuelven resistentes a las restricciones alimenticias.
- Raros son los hombres que sufren trastornos del comportamiento alimenticio, bulimia, anorexia, compulsiones, picoteos... Su relación piscológica con la alimentación no suele ser muy complicada.
- La grasa es más fácil de expulsar cuando se aloja en el vientre que en los muslos, las nalgas, las caderas...

Consejos
- Cuanto más activos, y más musculados, los hombres necesitan de unas 1600-1800 Kcal/día para perder peso, esencialmente aportadas por las proteínas (150g de carne o pescado para comer; 120g para cenar) y las verduras, pero también por una porción de féculas cocidas (alrededor de 150g) a mediodía y por la noche, ligeramente sazonadas, sin olvidar los productos lácteos (3 al día) y las frutas (una por comida).
- Hay que poner especial atención a la naturaleza de las materias grasas. Es mejor dar prioridad a los aceites vegetales para cocinar y contentarse con un poco (10g) de mantequilla, suprimiendo la charcutería y las carnes grasas.
- El desayuno se comprueba ineludible. Tiene que aportar vitaminas, fibra, minerales, glúcidos lentos, proteínas y pocas materias grasas.
- En caso de comida de negocios, es preferible optar por un restaurante de pescado o por un japonés. De manera general, hay que reducir las raciones, y evita terminar tu plato. Después, todo depende de la elección: nada de pasta como entrante; comida cruda, marisco, mollejas o salmón ahumado de primero; carne o pescado a la parrilla con verduras y féculas de segundo plato; nada de queso; sorbete, queso blanco o una macedonia de frutas de postre. En cuanto al alcohol, el vino sirve para darse un capricho, ¡y el agua para quitar la sed! Y por la noche: sopa, una loncha de jamón, un poco de pan, un producto lácteo y una fruta.

por Elena Bonet

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