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Maternidad

24 diferencias entre hacerlo con mamá o con papá

Borja Gutiérrez
por Borja Gutiérrez Publicado en 23 de julio de 2015
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Algunas de las diferencias más tópicas, pero que aún siguen ocurriendo -salvando las distancias-, cuando hacemos la misma actividad con nuestros hijos, según seamos mamás o papás.

Las formas de jugar y de disfrutar del ocio no suelen ser las mismas en hombres y mujeres, en papás y mamás. Las diferencias entre unos y otros suelen ser habituales y, aunque por supuesto no es algo en lo que debamos generalizar, si hiciésemos un estudio, probablemente encontraríamos bastantes similitudes a la hora de ver comportamientos y formas de enfrentarse a determinadas actividades dentro de cada uno de los sexos.

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Cuando se trata de jugar y de disfrutar del tiempo de ocio con los más pequeños de la casa, los hombres suelen decantarse por actividades de contacto, en las que los impulsos y las emociones son habituales y se asocian directamente con la diversión. Prefieren actividades en las que se trabaje en equipo, con una meta final clara y en las que se libere tensión y endorfinas. Estos comportamientos contribuyen a la mejora de la autonomía, a la eliminación de estrés, al desarrollo físico y del equilibrio.

Las mujeres -insistimos en que hablamos siempre a nivel general- suelen preferir formas de diversión más tranquilas y pausadas, con menos contrastes emocionales de inicio a fin, prefieren la calma y el silencio a sonidos muy elevados y fomentan actividades más creativas o artísticas en las que se desarrollan más las habilidades y capacidades del intelecto.

Estas diferencias en el juego, propician imágenes cómicas que, aunque llevadas al extremo, como en los ejemplos de la galería de imágenes, pueden hacer que nos demos cuenta a un nivel visual, de las múltiples diferencias que, como consecuencia de la educación y los hábitos sociales y culturales, han ido moldeando nuestro cerebro a lo largo de generaciones y generaciones.

En cualquier caso no puede decirse que ninguna de las tipologías de comportamiento consiga más o menos beneficios para el futuro del desarrollo de nuestros hijos. Tampoco que ninguna de ellas deba asociarse necesariamente a un sexo concreto. Ambos son igualmente válidos y, por encima de todo, absolutamente complementarios: uno siempre contribuye de forma inequívoca en el desarrollo del otro.

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