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6 curiosidades sobre la alimentación que quizá no sabías

Elvira Sáez
por Elvira Sáez Publicado en 16 de octubre de 2017
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Desde qué alimentos te ayudarían a sobrevivir en una isla desierta hasta por qué tenemos unas preferencias por determinados sabores desde que nacemos. Te contamos seis aspectos sobre la alimentación que te van a sorprender. ¡No te lo pierdas!

Es probable que ya hayas leído mucho sobre nutrición, que hayas probado diferentes dietas y que sepas las reglas básicas para llevar una alimentación saludable, pero vamos a intentar sorprenderte. El libro La alimentación es la cuestión, 42 claves para comer de manera inteligente, incluye datos y conclusiones de diferentes estudios sobre la alimentación que tal vez desconozcas. Sus autoras, Melanie Mühl y Diana von Kopp, defienden que no todos los consejos de alimentación saludable son aptos para todas las personas. Por eso, en su libro, han recopilado curiosidades sobre la alimentación que pueden ayudarte a comprender por qué comes lo que comes y cómo puedes cambiarlo si es necesario. ¡Cada persona es un mundo! Aquí, te dejamos algunas de las más llamativas.

1. ¿Tenemos un plato favorito antes de venir al mundo?

Aunque pueda parecer extraño, lo cierto es que la memoria gustativa empieza a formarse desde el útero. Durante el embarazo el feto recibe los aromas influidos por los hábitos y gustos de la madre. Antes, incluso, que ver y oír, saboreamos y olemos. "Al final del segundo mes de embarazo, se forman las papilas gustativas, y en la semana doce, el feto comienza a tragar. En el último trimestre (...) el hábito de succión se adapta incluso al sabor del líquido amniótico", indican en La alimentación es la cuestión.

Por lo tanto, las experiencias de sabor prenatales sí influyen en nuestros gustos futuros. De hecho, un estudio realizado por una bióloga estadounidense, Julie Mennella, lo demostró a partir de la inclusión de las zanahorias en la dieta de mujeres embarazadas o lactantes en comparación con otras que no lo hicieron. Cuando los bebés pudieron incorporar alimentos sólidos, se les dio una papilla de gachas de avena cocinadas unas veces con zumo de zanahoria y otras con agua. El resultado fue que los que ya conocían el sabor de las mismas, mostraron menos gestos negativos que los que no. ¿La conclusión? "Cuanto más sana y más variada es la alimentación de las embarazadas y de las madres lactantes, más abiertos a los sabores y menos complicados son los hijos con la comida".

2. ¿Con qué alimentos sobrevivirías en una isla desierta?

En el libro hablan sobre la cuestión que planteó el psicólogo Paul Rozin hace unos años. ¿Qué alimento (aparte de agua) te llevarías a una isla desierta si fueras a pasar un año allí? Las opciones eran: maíz, brotes de alfalfa, perritos calientes, espinacas, melocotones, plátanos o chocolate con leche. La mayoría de los encuestados eligió los alimentos saludables y evitó los perritos calientes y el chocolate con leche, que solo eligieron el 7%. Lo curioso es que esos alimentos son los que más asegurarían la supervivencia en la isla gracias a sus grasas y carbohidratos.

Esto muestra que en la actualidad tendemos a categorizar los alimentos de manera automática y creer que la grasa es veneno. "Las grasas son absolutamente imprescindibles para la supervivencia. Otra cosa es que no todas sean iguales y que haya que diferenciar", explican en el libro.

3. ¿Qué dice de nosotros la predilección por un plato picante?

Un estudio sobre el consumo de guindilla y chile, evaluado por Paul Rozin y Deborah Schiller de la Universidad de Pensilvania, demuestra que la preferencia por el picante sí tiene algo que decir sobre nuestra personalidad. "Picante significa dolor", afirman en el libro. Esto es así porque el ingrediente del chile, la capsaicina, llega a los receptores del dolor de la lengua. Por eso, no es de extrañar que muchas personas procuren evitar este sabor.

Sin embargo, hay otros que al experimentar algunas de las consecuencias de consumir comida picante (sudoración, ardor, lagrimeo...) disfrutan. En realidad, ese calor que sentimos no es real, no nos quema. Rozin compara la situación con el gusto por las películas de terror, con las que sentimos miedo real, pero sabemos que no nos puede pasar nada. Los amantes del picante, aquellos que disfrutan con esas sensaciones, suelen ser "más abiertos a nuevas experiencias, adoran aceptar riesgos, están ávidos de variedad, de emociones fuertes y de aventuras".

4. ¿El peso del camarero afecta a la elección del menú?

Por increíble que parezca, así es. Un estudio que se realizó en sesenta restaurantes estadounidenses diferentes, demostró que cuánto mayor era el índice de masa corporal (IMC) del camarero, más comida pedían los clientes, fuera cual fuera su peso. Además, quedó claro que si la persona que servía era obesa, había más posibilidades de que los comensales pidieran bebidas alcohólicas o postres. ¿El motivo? Simplemente un comportamiento social, si la persona que nos sirve está delgada, "sería la mala conciencia personificada". Algo parecido ocurre con el comportamiento de los que nos acompañan en la mesa, tendemos a adaptarnos automáticamente a los hábitos del resto, lo cual puede ser beneficioso o perjudicial.

5. ¿El color de la vajilla influye en lo que comes?

Según un estudio realizado por especialistas neurogastronómicos de la Universidad de Oxford, sí. Al parecer, si la comida se sirve en platos rojos, se reduce el hambre por parte de los comensales. Esto es así porque asociamos el rojo con el peligro, ejemplo de ello son las señales de prohibición en este color o los extintores de incendios.

Otro estudio que también avala esto es el que se realizó en El Bulli al servir mousse de fresa en platos negros o blancos. La que se sirvió sobre blanco tuvo mucho más éxito entre los participantes, que dijeron que su sabor era más intenso que los que la tomaron en plato negro. Siendo la misma mousse, la combinación de colores rojo-blanco era mucho más prometedora.

6. ¿Están relacionados el sueño y la alimentación?

La respuesta es sí. De hecho, la calidad de la alimentación influye en la calidad del sueño y viceversa. O dicho de otra manera, no podemos comer bien si no dormimos lo suficiente y no podemos dormir bien si no comemos de forma adecuada. Es decir, si antes de irte a dormir ingieres una cena copiosa, pasarás la noche dando vueltas y, aunque consigas dormirte, el descanso no será el adecuado. Por otro lado, la falta del sueño provoca hambre y empeora el autocontrol, por lo que será mucho más fácil comer más de la cuenta. ¿Conclusión? Hay que cuidar ambos aspectos.


¿Qué te ha parecido? En La alimentación es la cuestión encontrarás muchas otras curiosidades. Y si quieres seguir aprendiendo sobre alimentación, puedes echar un vistazo a la selección de libros que te dejamos a continuación.

Y si estás pensando en cambiar tu alimentación, ¡ficha estos consejos para comer mejor!

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