Sin agua, la vida no existiría. Imagínate: ¡el cuerpo humano está compuesto de agua en un 60%! Explicaciones y consejos sobre el mejor amigo de nuestra constitución y nuestra belleza: el agua.
El papel del agua
- El agua irriga todo el cuerpo, alimenta permanentemente a las 50.000 millones de células que lo componen, y permite los intercambios químicos que se producen de manera constante en el seno del organismo. La encontramos en cualquier sitio: en la sangre y en los órganos, por supuesto, pero también en el cartílago, la grasa corporal, los músculos, los dientes...
- Sirve para mantener el cuerpo a una temperatura interna constante. Cuando la temperatura corporal tiende a subir porque hace calor, cuando tenemos fiebre o cuando realizamos un esfuerzo físico importante, el agua evacúa el calor por medio de la transpiración.
- Permite la eliminación de los desechos y las toxinas que obstruyen el organismo. Filtrada por los riñones, la sangre abandona una parte de los elementos que la contaminan. Estos residuos se diluyen en el agua que se cuela gota a gota en la vejiga antes de ser evacuada del cuerpo en forma de orina.
Los riesgos de la deshidratación
Se dice que estamos deshidratados cuando el porcentaje de agua en el cuerpo está por debajo del 60%. Cualquier deshidratación se considera nefasta para el organismo, y se expresa de manera diferente según su grado: del 1 al 2% de deshidratación, las prestaciones (físicas e intelectuales) comienzan a disminuir; del 2 al 4%, bajan del 3 al 20%; del 4 al 6%, bajan del 20 al 30%, pueden aparecer dificultades de concentración y dolores de cabeza; del 6 al 8%, las prestaciones pueden disminuir más de un 30%, te entra un cosquilleo y se entumecen las extremidades; al 10%, el funcionamiento de los órganos está amenazado; por encima del 15% de deshidratación, el pronóstico vital está en juego.
No se puede privar de agua al organismo durante más de 2 ó 3 días si llevamos una actividad normal o 5 días si permanecemos inmóviles.
Necesidades y consejos
Para conservar un buen equilibrio hídrico, el principio es simple: el volumen de agua que sale del cuerpo tiene que ser compensado por un mismo volumen de agua que entre. De los 40 a 50 litros que contiene el organismo, pierde cada día entre 2,5 y 3 por medio de la transpiración, de la orina, de las sales... Por ello hay que aportarle la misma cantidad diariamente, en forma de agua pura, por supuesto, (entre 1 y 1,5 litros de media), así como de alimentos que la contienen (frutas y verduras especialmente).
Sabiendo que las pérdidas de agua varían considerablemente en función de la temperatura, de la higrometría (humedad del aire), de la altitud, de la actividad física o incluso del metabolismo de base y de las hormonas, hay que ajustar las aportaciones.
> Hay que beber regularmente, a lo largo de todo el día, y sobre todo, nunca esperar a tener sed. Esta sensación, verdadera señal de alarma del organismo, aparece tarde, cuando el cuerpo ha perdido ya un 1% de su peso en agua.
Para hidratarse bien, nada mejor que el agua, con o sin gas, que no aporta ninguna caloría, al contrario de lo que ocurre con los refrescos y otros zumos de frutas saturados de azúcar. En España, el agua del grifo pasa numerosos controles de calidad: no existe ninguna razón para despreciarla. En cuanto a las aguas minerales, sus minerales son relativamente bien asimilados por el organismo, y pueden ser recomendadas para reforzar ciertos aportes (magnesio, calcio...) en función de las necesidades particulares (cansancio, delgadez, obesidad...).
No hay que olvidar, por último, que el sodio (sal) permite retener el agua en el cuerpo, mientras que el potasio facilita su eliminación. Aquí también, se impone un equilibrio justo entre estos dos minerales para asegurarle al cuerpo una perfecta hidratación.
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