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El uso adecuado de la sauna

Publicado por mvega
Publicado en 5 de septiembre de 2008

Esta tradición nacida en Escandinavia hace 2.000 años ha ido invadiendo poco a poco nuestro spas, institutos, clubs de gimnasia y centros de talasoterapia, sin olvidar el número creciente de individuos que la instalan en su domicilio. Un baño de vapor seca con numerosos beneficios... si se practica siguiendo las reglas.

El principio

Una sauna es una pequeña cabaña de madera o una habitación en la que se toma un baño de vapor seco. En este lugar cerrado, una estufa de madera -o eléctrica- calienta piedras para sauna en un receptáculo. Una vez acumulado el calor en estas piedras (especiales, ya que no explotan con los choques térmicos), se vierte encima una gran cantidad de agua para producir una nube de calor.
Al contrario del hammam, la sauna es seca, entre el 3 y el 20% de humedad. Por ello las temperaturas son más elevadas: de 80 a 90°C de media.

Las normas de uso
En una sauna, la desnudez es la norma: cualquier tipo de ropa o bañador dificultaría la evaporación del sudor y plantearía problemas de higiene. En cambio, se debe poner una toalla entre el banco y la piel para protegerse del calor y absorber la transpiración. Según las normas, una sesión de sauna debe durar entre la 1 hora y media y 2 horas, y debe contener de 2 a 3 fases.

Todo empieza obligatoriamente con una ducha con jabón de los pies a la cabeza. Este aseo tiene un triple objetivo: eliminar los gérmenes y las bacterias, calentar el cuerpo (particularmente las extremidades) para evitar un choque térmico al entrar en la sauna y limpiar la piel para facilitar la transpiración.

Una vez bien enjabonado, se puede dar el primer paso en la sauna. Hay que sentarse sobre la toalla, preferentemente con los miembros (brazos, piernas, pies...) al mismo nivel y procurar relajarse. La respiración se vuelve más profunda, el ritmo cardíaco y la circulación sanguínea se aceleran y los vasos sanguíneos dilatan. Se debe salir en cuanto el sudor se deslice por el cuerpo. Esta primera fase no debe exceder los 15 minutos. Entonces, hay que ducharse de nuevo con agua tibia o fresca, secarse y concederse unos minutos de descanso estirándose.

Entonces puede contemplarse un segundo paso en la sauna, de una duración equivalente al primero. Al salir, el protocolo es el mismo: ducha, secado y vuelta a la calma para el descanso.
Si te sientes capaz, puedes contemplar el tercer paso. Debe ser interrumpido en cuanto sientas cansancio. Después de esta última sesión, se debe hacer un descanso de, al menos, 20 minutos.

Dado el fuerte calor que reina en una sauna, la pérdida de agua por transpiración puede ser superior a 1 litro por hora y la temperatura corporal puede subir hasta los 40°C. Para compensar esta deshidratación, es indispensable beber agua entre las entradas a cabina.

Las contraindicaciones
Dado que la sauna favorece la dilatación de los vasos sanguíneos, no se aconseja su práctica en personas que sufren hipertensión, insuficiencia venosa, problemas cardíacos y enfermedades cardiovasculares. Es mejor consultar a tu médico en caso de insuficiencia renal o de epilepsia. Por otro lado, esta práctica está prohibida en mujeres embarazadas.
Queda prohibido el consumo de drogas, de alcohol o de medicamentos.

Como medida de seguridad, durante una sesión de sauna es esencial escuchar a tu propio cuerpo, salir a la más mínima señal de alerta, respetar las normas de uso y no saltarse las etapas.

Los beneficios
Gracias a su elemento esencial, el calor, una sesión de sauna tiene como primer objetivo relajar, eliminar las tensiones físicas y mentales. Es excelente para eliminar el estrés y el cansancio nervioso.

Al acelerar la sudoración, la sauna facilita la eliminación de las toxinas del organismo, flexibiliza los músculos y purifica la piel.

Sin embargo, no es un gran aliado para adelgazar, porque los kilos que se pueden perder en una sesión son de agua, ¡no de grasa!

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