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El uso adecuado de la sauna

Publicado por Ana Santos
Publicado en 6 de enero de 2015

Si lo que buscas es un remedio para descansar y relajarte, la sauna es la solución perfecta. En ocasiones, el estrés del trabajo y la vida en familia hace que el cuerpo necesite parar y tomarse un respiro. Además, entre los múltiples beneficios de los que goza la sauna, se encuentran el aliviar el dolor, mejorar el rendimiento deportivo, reducir temporalmente los síntomas del resfriado y también los niveles de estrés, consiguiendo una sensación de relajación y bienestar. ¿Os animáis a probarla?

Esta tradición nacida en Escandinavia hace 2.000 años ha ido invadiendo poco a poco nuestro spas, institutos, clubs de gimnasia y centros de talasoterapia. Por otra parte, no podemos olvidar el creciente número de personas que no se han podido resistir a instalar una sauna en su domicilio. Ya no tenéis excusa para daros un baño de vapor seco y disfrutar de los numerosos beneficios que os aporta. A continuación os mostramos los pasos a seguir para conocer mejor esta práctica.

¿De qué está compuesta una sauna?

Una sauna es una pequeña cabaña de madera o una habitación en la que se toma un baño de vapor seco. En este lugar cerrado, una estufa de madera, o eléctrica, calienta piedras para la sauna en un recipiente y, una vez acumulado el calor en estas piedras, se vierte encima una gran cantidad de agua para producir una nube de calor.

Al contrario del hammam, o baño árabe, la sauna es seca y cuenta con una humedad entre el 3 y el 20%, consiguienso así que las temperaturas sean más elevadas, de 80 a 90°C de media.

Las normas de uso de la sauna

En una sauna, la desnudez es la norma primordial. Cualquier tipo de ropa o bañador dificultaría la evaporación del sudor y plantearía problemas de higiene. En cambio, se debe poner una toalla entre el banco y la piel para protegerse del calor y absorber la transpiración. Según las indicaciones de los expertos, una sesión de sauna debe durar entre la 1 hora y media y 2 horas, y debe contener de 2 a 3 fases.

Pasos a seguir en una sauna

Todo empieza obligatoriamente con una ducha con jabón de los pies a la cabeza. Este aseo tiene un triple objetivo: eliminar los gérmenes y las bacterias, calentar el cuerpo, particularmente las extremidades, para evitar un choque térmico al entrar en la sauna, y limpiar la piel para facilitar la transpiración. Dado el fuerte calor que reina en una sauna, la pérdida de agua por transpiración puede ser superior a 1 litro por hora y la temperatura corporal puede subir hasta los 40°C. Para compensar esta deshidratación, es indispensable beber agua entre las entradas a cabina.

Paso 1: Una vez que nos hemos enjabonado, hay que sentarse sobre la toalla, preferentemente con los miembros (brazos, piernas, pies…) al mismo nivel y procurar relajarse. La respiración se vuelve más profunda, el ritmo cardíaco y la circulación sanguínea se aceleran y los vasos sanguíneos se dilatan. Se debe salir en cuanto el sudor se deslice por el cuerpo. Esta primera fase no debe exceder los 15 minutos. Entonces, hay que ducharse de nuevo con agua tibia o fresca, secarse y concederse unos minutos de descanso estirándose.

Paso 2: Deberemos entrar de nuevo en la sauna durante otros 15 minutos. Al salir, el protocolo es el mismo: ducha, secado y vuelta a la calma para el descanso.

Paso 3: Si te sientes capaz, puedes contemplar el tercer paso, pero no es obligatorio. Recuerda que, en cuanto sientas cansancio, deberás de interrumpirlo y salir de la sauna. Después de esta última sesión, se debe hacer un descanso de, al menos, 20 minutos.

Los beneficios de la sauna

Gracias a su elemento esencial, el calor, una sesión de sauna tiene como primer objetivo relajar, eliminar las tensiones físicas y mentales. Es excelente para eliminar el estrés y el cansancio nervioso. Como medida de seguridad, durante una sesión de sauna es esencial escuchar a tu propio cuerpo, salir a la más mínima señal de alerta, respetar las normas de uso y no saltarse las etapas.

Las contraindicaciones de la sauna

Dado que la sauna favorece la dilatación de los vasos sanguíneos, no se aconseja su práctica en personas que sufren hipertensión, insuficiencia venosa, problemas cardíacos y enfermedades cardiovasculares. Es mejor consultar a tu médico en caso de insuficiencia renal o de epilepsia. Por otro lado, esta práctica está prohibida en mujeres embarazadas. Además, queda prohibido el consumo de drogas, de alcohol o de medicamentos.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, al acelerar la sudoración, la sauna facilita la eliminación de las toxinas del organismo, flexibiliza los músculos y purifica la piel. Sin embargo, no es un gran aliado para adelgazar, porque los kilos que se pueden perder en una sesión son de agua, ¡no de grasa!


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