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Los inconvenientes de la sal

Elena Bonet
por Elena Bonet Publicado en 22 de diciembre de 2009

El ser humano se siente atraído por el sabor salado de forma natural. El resultado: consumimos demasiada (10 g por día de media frente a los 4-5 g recomendados) y la mayoría de las veces sin darnos cuenta pues los alimentos industriales contienen demasiada. Un consumo excesivo puede ser peligroso para la salud y también para la línea. A continuación te lo contamos todo y te damos unos consejos para renunciar a este mal hábito.

Un alimento ambivalente
Los beneficios. La sal, que no es otra cosa que cloruro de sodio, es necesaria para el funcionamiento del organismo. Y gracias a su relación con el potasio tiene lugar el equilibrio hídrico del cuerpo. Por eso cuando no consumimos cantidades suficientes de sal podemos llegar a deshidratarnos. Por otro lado, la sal es básica para el placer gustativo porque intensifica el sabor de los alimentos. Sin ella todo nos sabría soso.
Los inconvenientes. Consumir demasiada sal (más de 4-5 g/día) es perjudicial para la salud: daña el estómago, aumentas las pérdidas renales de calcio y, sobre todo, aumenta el riesgo de presión arterial, incluso puede ser el origen de enfermedades cardíacas y cerebrales. Además, agudiza las papilas gustativas y genera apetito, es decir, cuanto más salado es un plato más ganas tenemos de repetir. Así pues, puede, de forma indirecta, ser responsable de un aumento de peso.


Las razones del consumo excesivo de sal
Por lo general, podemos decir que si abusamos de la sal no es por el salero que ponemos en el servicio de mesa sino por los alimentos. Los tres cuartos de cloruro de sodio que consumimos provienen de la preparación artesanal o industrial de los productos salados: pan y bollería, charcutería, conservas, quesos, platos industriales, pizzas, tartas saladas, quiches, sopas envasadas, bocadillos, cereales, zumos de frutas, refrescos, lácteos salados, galletas... Aquí tienes algunos ejemplos del contenido en sal de algunos productos:

100 g de ketchup = 4 g
1 bol de sopa (250 ml) = 2,5 g
1 bollos de leche = 1,5 g
1 porción de pizza (200 g) = 2,6 g
50 g de cereales = 1 g
½ baguette = 1,70 g
1 loncha de jamón salado (45 g) = 0,8 g
1 yogur de frutas = 0,2 g
1 plato de cuchrut en conserva (300 g) = 4,5 g
150 g de arenque ahumado = 2 g
40 g de queso comté = 0,4 g
1 onza de chocolate = 0,4 g
6 galletas tipo María = 0,5 g

Trucos para consumir menos sal
Si queremos cuidar nuestra salud es necesario consumir menos sal. Para ellos sólo hay que cambiar nuestras costumbres y, sobre todo, resistir, aunque la comida esté sosa. Al cabo de 3 o 4 semanas las papilas gustativas se volverán más sensibles al sabor salado y se contentarán de un modo natural con menos sal.
-Quita el salero de la mesa. Volvemos salar el plato incluso antes de probarlo. Es mejor sazonarlo en la cocina y echarle la cantidad adecuada. Prueba con la flor de sal, el volumen de sus cristales hace que utilicemos menos cantidad. Otra opción son las «sales falsas», una mezcla de sal y especias enriquecida en ocasiones con vitaminas, minerales... Las encontrarás en farmacias y grandes superficies.
-Modera el consumo de alimentos salados. No abuses de la charcutería, los quesos, las conservas o los platos precocinados. Lo mismo para las aguas minerales sódicas.
-Están prohibidos los platos que contengan más de 1 g de sal por porción. El contenido en sal se indica a menudo en el envase. Si no consta en ningún sitio, multiplica el contenido en sodio por 2,5.
-Haz trampas. Parte de la sal puede sustituirse por condimentos o especias que puedan aumentar el sabor de los alimentos.
-Consume mucha fruta y verdura. Al ser ricas en potasio neutralizan parte de los efectos nocivos del sodio.

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por Elena Bonet

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