La piel cuenta con su propio sistema de
protección solar: la melanina. Esta sustancia química presente en la inmensa mayoría de las personas impide que las radiaciones solares más perjudiciales entren en la piel. La melanina es responsable del color de nuestra piel. Según su concentración, la piel puede ser más oscura o más clara e incluso llegar a ser “blanca” como en el caso de los albinos, cuya piel no tiene melanina (o la tiene en una presencia muy escasa). Cuanto más blanca la piel, evidentemente, menos protección tendremos ante el sol y más cuidado habrá que tener.
La melanina aumenta con la exposición solar
. Como resultado, la piel se broncea. Pero ¡cuidado! llega un momento en que la melanina no puede seguir haciendo de barrera y se producen quemaduras y otras lesiones.
Además, se estima que el ser humano recibe entre un 50 y un 80% del total de la exposición solar de su vida antes de cumplir los 18 años. Por eso, en los
niños y jóvenes la
protección solar es aún más importante.
Sin embargo, según un estudio de The Skin Cancer Foundation, el 40% de la población nunca utiliza
protección solar...