Tengo ansias reprimidas.
Tengo cosas por hacer.
Tengo historias de mil vidas.
Tengo ilusiones perdidas.
Tengo mucho por correr.
Tengo ideas muy calladas.
Tengo otras que ya hablé.
Tengo esperanzas forjadas.
Tengo batallas ganadas.
Tengo firmeza en mi fe.
Tengo pasión por la mar.
Tengo un perro, dos abrigos.
Tengo un beso sin hablar.
Tengo un hogar cariñoso.
Tengo montones de amigos.
Tengo a mi frente un camino.
Tengo árboles y flores.
Tengo un variado destino.
Tengo un olfato muy fino.
Tengo muy pocos amores.
Tengo una meta trazada.
Tengo un tiempo sin medir.
Tengo una mente obstinada.
Tengo una daga afilada.
Tengo, cosas por decir.
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
si te quiero es por sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
tu boca es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía
si te quiero es porque sos mi
amor, mi cómplice y todo
y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no esta sola
te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso
si te quiero es porque sos
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón.
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino se serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir
en el corazón clavada.
Son poemas, poemas;
son los entusiasmos que para bien nos mienten,
los hundimientos siempre superables,
los errores que quizá no sean errores.
Es el motor de explosión «hombre»,
los fácil-felizmente caprichos sucesivos,
la melancolía con demoras sensuales,
unos versos, restos de cierta hermosa anchura.
Son los grandes gritos por pequeñas causas,
una amada, el deseo que al fin dice su nombre,
y una fecha, un lugar, un sobresalto:
Dios fotografiado al magnesio.
El brillante delirio de una rosa impalpable,
el yo que ahora resulta que realmente existe,
los mil fuegos cambiantes de un anhelo sin meta:
un ala retenida, pero que palpita.
Resbalo en mí mismo cambiando de nombre,
cambiando de forma, cambiando el futuro.
Es el amor —se entiende— o bien —no se entiende—
la libertad abierta: vivir de entregarse.
¿QUIÉN anda por el camino
esta noche, jardinero?
—No hay nadie por el camino…
—Será un pájaro agorero.
Un mochuelo, una corneja,
dos ojos de campanario…
—Es el agua, que se aleja
por el camino solitario…
—No es el agua, jardinero,
no es el agua… — Por mi suerte,
que es el agua, caballero.
—Será el agua de la muerte.
Jardinero, ¿no has oído
cómo llaman al balcón?
—Caballero, es el latido
que da vuestro corazón.
—¡Cuándo abrirá la mañana
sus rosadas alegrías!
¡Cuándo dirá la campana
buenos días, buenos días!
… Es un arrastrar de yerros,
es una voz hueca, es una…
—Caballero, son los perros
que están ladrando a la luna…