Una noche en sueños vi que con el Señor caminaba junto a la orilla del mar bajo hermosa luna plateada. Soñé que en los cielos veía toda mi vida representada en celestiales escenas que en silencio contemplaba.
Dos pares de firmes huellas en la arena iban quedando, mientras con el Señor íbamos cual amigos conversando. Miré atento hacia atrás esas huellas reflejadas en el suelo, pero algo extraño observé y me invadió gran desconsuelo.
Observé que algunas veces al reparar en las huellas, en vez de ver los dos pares veía solo un par de ellas. Observaba también yo que aquel solo par de huellas, se advertían mayormente en mis noches sin estrellas en los días de mi vida llenos de angustias y tristeza, cuando el alma necesita más del consuelo y fortaleza.
- Pregunté triste al Señor:
¿Señor, tu no has prometido que en horas de aflicción siempre a mi lado estarías dando muestras de tu amor? Pero noto con tristeza que en medio de mis querellas, cuando más aflige el dolor solo veo un par de huellas. ¿Dónde están las otras dos que indican tu compañía, cuando las tempestades sin piedad azotan la vida mía?
- Y el Señor me contestó con ternura y compasión:
Escucha bien hijo mío, comprendo tu confusión, Siempre te amé y te amaré y en tus horas de dolor siempre a tu lado permanezco para mostrarte mi amor. Mas si en ocasiones ves solo dos huellas al caminar y no puedes ver las otras dos que se deberían reflejar, es que en tu hora afligida cuando flaquean tus pasos, no hay huellas de tus pisadas porque te llevo en mis brazos.
Te dejaré de amar... cuando se apaguen las estrellas, cuando se seque el mar, cuando en mi no quede ni una sola huella, cuando ya no tenga nada que esperar.
Te dejaré de amar... cuando el rocío no acaricie las rosas, cuando no existas en mi soñar, cuando se mueran las mariposas, cuando ya no las vea volar.
Te dejaré de amar... cuando en tu pensamiento ya no viva, cuando solo sea una historia... sin principio... sin final.
Te dejaré de amar... cuando no palpite mi pecho... y sobreviva al castigo impuesto, inmerecido y en soledad, cuando ya no llore en mi lecho... cuando no me sienta en orfandad.
Te dejaré de amar... cuando las noches sean eternas y frías, cuando pueda extender mis alas y entre el cielo y la tierra... con la libertad de la muerte, pueda a tus brazos llegar...
Te dejaré de amar... para adorarte con el alma, entre mar y cordillera... en aguas furiosas y calmas en doradas arenas, por olvidarte, no voy a luchar.
Porque para dejarte de amar... se necesita una razón y éste loco corazón... late presuroso y febril, porque solo tú lo haces latir, en explosión, como un volcán.
te dejaré de amar... cuando Dios así lo estime, cuando el mundo ya no gire... cuando te deje de pensar...
La amistad es un sendero del que puedes disfrutar paseos largos y bellos llenos de felicidad. Es un camino tan lindo y adornado sin igual con las flores más bonitas que puedes imaginar.
La amistad es un sendero al que debes implantar el cariño, la alegría sinceridad y bondad.
Y por cosas de la vida aunque sea bueno y demás, tiene sus piedras pequeñas que te hacen tropezar.
La amistad es un sendero por el que hay que caminar con el corazón abierto y sabiendo perdonar.
Siembra tu mejor semilla y así podrás cultivar de las flores, las más bellas y crecerán muchas más.
La amistad es un sendero que al andarle sin cesar con los años se convierte en una eterna... hermandad.