Cuando bajo las persianas del inventario azul de lo perdido: los viajes que no hicimos, los poemas que nunca te escribí, las canciones que debiste cantarme, las historias que pude contarte, las charlas, sin fin, frente al mar, los cines, los teatros, los guiones encantados, y el mirar en tus pupilas la autopista de tu melancolía tomándole examen a esa alegría triste que es tan tuya y que no todos perciben, porque los testigos no son, yo sé, de fiar. ¿Quién te dice después de tantas cosas que el día menos pensado, porque el destino es capaz de un disparate, yo me levante porque suena el timbre, y estés tú como en un viejo poster esperando que bese tus pies desnudos, y yo asombrado que no esté en un sueño, y tú, también...?
Decía Paul Eluard: "Te amo por todas las mujeres que no he conocido. Te amo por amar. Te amo por todas las mujeres que no amo..."; y yo que pensaba decirte esas originalidades me siento como un estúpido al que se le han ocurrido demasiado tarde.
¿Sàbes? hoy quiero besarte, siempre quiero besarte, besarte hasta el desmayo como tù me besas, desmayada, abierto el fruto de las bocas maduras, y los dedos examinan la investidura de lluvia de los que nos poseyeron sin conocer lo que guardàbamos dentro, la profecìa herida de haber rozado el amor màs amor, el amor extinguido, el amor insondable, el despropòsito de la vasta tentativa de arrancarnos la ilusiòn de una aurora boreal en la desventura amarga de las horas compartidas por los que abjuraron de la magia, y ahora te miro y me miras y tu mirada tiene un algo màs allà de tus ojos, y nos reìmos generosos, amplios, porque hemos recobrado la locura, la cordura de amarnos al extremo, sin juicio, en abundancia, soltando gorriones a las nubes crecìéndonos flores, muchas flores, al presentirnos amor mìo...