Tarde o temprano, de forma efímera o para siempre, creo que todos nos vemos envueltos en el torbellino de estos tres grandes sentimientos: pasión, deseo y lujuria.
Triste aquel que no los llegue a probar, aunque sólo sea por un instante en su vida...
Triste aquel que no llegue a saborear la dicha o la desdicha con las cuáles nos pueden llegar a vapulear a su libre albredío, ya que considero que son tres de los sentimientos que no se pueden ni debemos encadenar con eslabones de falsa moral o hipócrita ética...
No intentemos buscar ni la pasión, ni la lujuria ni el deseo, ellos nos encontrarán a nosotros, y cuando lo hagan, disfrutemos de ellos como si fuese la primera vez o quizás la última...
Ojala siempre fuesen de la mano de otro gran sentimiento como es el Amor, pero seamos realista y conscientes de que nada les obliga a ir juntos, bien pueden vivir el uno sin los otros y los otros sin el uno, aunque sinceramente, creo que no sea lo mismo...
Dios mío, otra vez no me pude resistir a tus labios, tus manos y tu cuerpo apoderándose de mi debilidad. Resistir a tus labios cubriendo los míos, tus manos mimando mis senos y tu lengua gozando de la dureza de mis pezones. Por que no me quedaría sentada en mi coche...por que acepte tu invitación a entrar.....si desde el coche te podía saludar.....por que demonios pare delante de tu casa. Seria que en el fondo deseaba que estuvieras...deseaba que me pararas....deseaba que me dijeras...PASA y tomate un café.....en el fondo apostaba por tu impulso, tu ímpetu y tu deseo....... ¿realmente quería desafiar mi debilidad y mi codicia? Donde quedaría mi conciencia y mi sentido de lo correcto. No sabía si esta vez mi cuerpo podría anteponerse a la cordura. Lo que si se con certeza absoluta que solo con verte nace, brota y explota un fuego en mi interior que solo tus caricias y tus suspiros de placer pueden apagar. Me arde la piel bajo ese fuego de pasión. Me quema el alma bajo la sensatez del error, del pecado y de lo prohibido. Siento que todo mi ser se revela, que no esta dispuesto a renunciar. Esta vez el poder y la fuerza de mi cabeza se quedan abrumados bajo la fuerza de la ansiedad y la necesidad de querer sentirte. Siento que cada célula de mi cuerpo, cada centímetro de mi piel se impone a la realidad. Me doy por vencida, me dejo llevar y empiezo a sentir y a gozar bajo tu cuerpo apoderándose del mío. Tu boca tus manos y tu piel húmeda y temblorosa rozando la mía. Tu cuerpo cubriendo y calmando el mío que se estremece bajo los gemidos del gozo insaciable y tan deseado. Somos uno cuando el poder absoluto en mí llegada al clímax se delibera dentro de mí.
Tu ya te ibas cuando llegaba yo. Me robaste un beso disfrazado en un saludo pillando me tan de sorpresa que solo fui consciente cuando tus carnosos y cálidos labios prohibidos me provocaron un escalofrío en todo mi cuerpo. Después me arropaste con tu brazo sobre mis hombros y me acompañaste a la entrada como si nada. Yo te sentía hablar pero no te escuchaba. Seguía pensando “Esto no puede ser”. Nunca jamás me esperaba eso de ti. Semanas después el destino te volvió a poner en mi camino. Era una noche en la que yo venia de regreso de una cena. De camino a casa paré a tomar una ultima copa. Cuando me acomode en la barra y estaba pidiendo un refresco te percibí de reojo. Estabas acompañado de unos amigos. Gire la cabeza y te salude con la mirada. Me hiciste señas para que me uniera a vosotros. Yo asentí cogiendo mi copa para cambiarme de lugar. Mientras me acercaba, te miraba, ahí sentado en el taburete esperándome. Me acerque a la barra para posar mi vaso pero me cogiste por la cintura hacia ti saludándome con dos tiernos y precisos besos en mis mejillas. Me presentaste a tu compañeros y empezamos a entablar conversación. El tiempo paso volando y se había hecho tarde. Tus compañeros deciden ponerle fin a la noche. Como habíais venido en un solo coche decidiste quedar tras confirmar que yo te dejaría en casa. Quedamos los dos solos en un ambiente muy animado. Empecé a sentir una atracción correspondida que parecía haber estado reprimida ante la presencia de tus compañeros. Te acercaste a mi para susurrarme que te alegrabas te verme. Mi instinto me decía que era mejor ponerle fin antes de que la situación se desencarrilara y alegue que era tarde y hora de marchar. Pagamos y salimos del bar en dirección hacia mi coche que se encontraba en el aparcamiento detrás. Yo te sentía rozándome mientras caminábamos sin decir palabra. En el silencio del alba sentíamos el fuego de la atracción mutua. Doblando la esquina del edificio me cogiste y me pegaste a la pared. Dios mío tus ojos se tragaban los míos mientras tu rostro se acercaba hasta posar tus labios sobre los míos. Húmedos, ardientes y ansiosos devoraban los míos. Me deje llevar por la lujuria sintiendo palpitar cada poro de mi piel ansioso por gozar bajo el fuego de tu boca. Yo sabia que estábamos cometiendo un grabe error. Pero mi cuerpo se revelaba ante la idea y no escuchaba mi conciencia. Quería sentir tu dureza tomándome con fuerza y pasión. Sentir el temblor de tu cuerpo bajo el mimo de mis manos y mi boca. Mi cuerpo no quería renunciar a hacerse uno con el tuyo y saciar unidos nuestro fervor hasta la cumbre del placer. Pero mi cabeza se estaba arrebatando contra mi cuerpo. Empecé a susurrarte al oído, que estábamos cometiendo un error. Que la lujuria y el deseo nos estaba cegando. Que el arrepentimiento y remordimiento que sentiríamos mañana seria mas grande que todo el placer que pudiéramos sentir ahora. Empezaste a asimilar mis palabras y sentí como tu ardor se desvanecía ante la cordura de mis palabras. Nos fundimos en un tierno y fuerte abrazo conscientes de que estábamos tomado la decisión correcta.