Descripción: Me casé por conveniencia. Él quería papeles; yo, salir del país. Pero él se empeñó en fingir. Yo, en atenerme a las consecuencias. Fue un infierno con tecla de repetición y unas cuantas subidas al cielo. Y luego mejoró, pero me hice adicta a las válvulas de escape.
He vuelto a ir a Playa Canchal, por supuesto. Y ha pasado de todo. Un día me hablo de usted, luego de tú, luego estuvo bastante comunicativo con las miradas, en plan broma con mis hijos y después, tratándome como si yo fuera invisible. Y no lo entiendo a qué se debe. Porque yo he hecho casi lo mismo todos los días. Y no le he molestado ni llamándole ni enviándole sms.
Lo que si he hecho es intimar con uno de sus amigos, uno que es muy serio, pero muy persona, porque se ofreció a cuidarme los niños para que yo pudiera nadar, lo que no hace ni mi marido. Y él me ha dado alguna información muy útil sobre Til.
Un día le dejé un mensaje sobre el mantel. Por hacer el tonto, porque yo no pensaba ni de coña que lo fuera a ver, ya que él tenía que terminar su turno, pero quiso la casualidad que justo él saliera a recoger las mesas de la terraza, y asustada envié a mi hijo mayor a arrancar el trozo del mantel de papel, pero Til se puso en plan divertido a querer leerlo, y lo leyó, y luego estaba normal, luciéndo tipico y sonriéndo como si supiera que estoy loca por él y que eso le encanta. Pero volví a meter la pata, porque parece que él se quedó en su lugar de trabajo aposta para verme, lo que yo no esperaba, y yo, en cambio, me fui al pueblo esperando que él estuviera ahí, así que supongo que se ha cabreado pensando que no hago nada por verle y que me he ido para quedar con su compañero.
Es que... ya les vale a todos su manera de tirarme los tejos. Está un camarero compañero de Til que no deja de proponerme invictarme a cenar y ofrecerme su casa vacía para que cuando yo vaya no pague hotel.
Está el guarda nocturno que empezó siendo muy hóstil, hasta que me ofreció pasarme por la noche, abrirme las puertas y ponerme una copa, que yo me quedé flipada, y luego va y se ofende un poco porque no le he ido a ver. Pero, ¿qué se creen? ¿Qué porque una mujer charle un ratito por amabilidad ya quiere algo? A lo mejor es porque ellos son así.
Y luego está el peor, el jefe y dueño del hotel, que cada noche intenta emborracharme y me ha dado la plasta que no veas acompañándome hasta mi alojamiento, cuando lo que yo quería era quedarme sola y libre, y la última vez, yo creo que si no hubiera sido por la presencia de mis hijos, el tío se me echa encima. Así que, para no pasar por lo mismo, pasé de cenar en el hotel donde trabaja Til y parece que eso le ha sentado fatal también al jefe, y me ha quitado todos los privilegios: ni invitaciones, ni te doy mi movil para que no tengas problemas con las reservas ni nada de nada.
Y es una pena, porque al final voy a tener que decirle claramente al jefe que conmigo es imposible que pase algo, a no ser que me consiga a Til. Que vale, es un asco llegar a ese extremo y prostituirse con un gordo de 60 años para conseguir a un ex amante, pero si no queda otra... Que le pague 3000 euros a Til para que acceda a hablar conmigo y luego, yo le echo somníferos al jefe en su copa y cuando despierte finjo que hemos hecho de todo, jaja. ¡Qué loca estoy!
Lo malo es que he debido hacer algo muy grave a ojos de Til, a juzgar por su férrea expresión y por cómo fingió no verme el último día. Así que, de pura desesperación, me puse a indagar sobre él con uno de sus amigos que al parecer no sabe nada de lo nuestro, lo que, claro, va a llevar a que le pregunte sobre mí y a tener que contarlo y me odiará por haber hecho que sus nuevas amistades sepan sobre nuestro affair, pero culpa de él, por no ha
¡Me va a echar humo la cabeza de tanto pensar en él! Y perdonad que no hable de otros, pero es que no puedo.
Ahora entiendo sus últimas acciones. Y sus palabras de "siento mucho lo que pasó, pero se acabó y yo lo siento, pero se acabó". Debió decidir que por mucho que me quisiera, no iba a estar conmigo en esas condiciones, de segundo plato, sin saber a qué atenerse, echándome de menos y sin saber cuando iba a volver a verme. Yo también lo habría pasado fatal de haberme enamorado de un hombre casado que me tratara así.
Por eso todas las cartas me salían negras, cuando preguntaba si tendría éxito al volver con él. Y ahora sé lo que significa su sonrisa: nostalgia. Y se aparta de mí con todas sus fuerzas porque teme volver a caer. Se habrá dicho que no, que no y que no y que de ninguna manera volverá a pasar por eso conmigo.
Y yo... sé que sí le quiero debo dejarle en paz y que haga su vida. Que encuentre a una muchacha libre con la que poder casarse. ¡Pero le quiero! Y me muero por estar, aunque sea, sólo una vez más con él. Para poder hablar de todo esto. Para poder decirle que no le utilizaba y que si en vez de hacerse el duro hubiera sido un poco más cómplice, probablemente yo habría considerado la posibilidad de irme con él.
Y ahora las cartas me salen rojas cada vez que pregunto si estoy en lo cierto, si me echa de menos y si está luchando para resistirse a mí. Y sé que ahora tendrá dudas, al verme tantas veces por allí. Y puede que piense que a falta de otra cosa mejor, si de todas maneras voy a seguir yendo a Playa Canchal verano tras verano, pues... ¿por qué no?
Pero yo no voy a proponerle nada. Que se acerque él a mí, si quiere. Ahora que le comprendo, ya no albergo rencor alguno contra él; sólo amor y cariño y devoción e inmensa pena porque lo nuestro no pueda ser. A él le preocupa demasiado la diferencia de edad de casi diez años.
Espero no tener ningún accidente que me impida ir en unos días. Aunque me temo que Til tiene mucho que ver con que me mientan sobre la ocupación del hotel. Prefiere no verme ni tenerme cerca. Pues no lo va a conseguir. A mí también me duele el alma de añorarle, pero prefiero verle, aunque suponga sufrir más. Tanto más ahora, que se lo que pasa por su mente. A ver si la semana que viene, cuando vea que ni le llamo ni le envío sms, ocurre algo que actúe de determinante y le haga decidirse.
(Gracias Abel por ese bonito comentario tuyo, del amante cóncavo y el convexo. ¡Precioso!)
Lo que más me fastidiaba era no entender su comportamiento. Así que me puse en plan forense o inspector de policía. Saqué los dos diarios donde está apuntado absolutamente todo de lo que pasó entre nosotros y me puse a repasar todas y cada una de sus palabras en busca de una clave. Y la hallé. Y de pronto todo claro.
La pista fundamental fue cuando el dijo al porqué de su rotundo enfado, frase que yo no recordaba: "Fue porque fuiste a recepción y dijiste que te habías enterado de que no ibas a venir nunca más".
Y todo lo demás cobró sentido, y las pistas brillaron como bajo una luz fluorescente. Él diciendo con tristeza y timidez, para no descubrirse: "Si dices que no vas a venir más, claro que quiero que te quedes otra noche, sí". "Cuando vi que al segundo día tampoco venías, me puse furioso, y me dije, ¡ya no viene más!". "Ya sabes que sí que quiero que vengas". "Dame algo tuyo que te importe mucho para así yo saber que vas a volver a por ello". "No salí a despedirme para que tuvieras que volver". "¿Qué soy yo para ti? El amante y ya, ¿no?". "Yo quiero una mujer para casarme con ella y tener hijos. A ver, ¿qué has preparado hoy para comer?". "Tus hijos se parecen a mí, ¿no? Pueden pasar por míos". "¿Por qué no nos escapamos juntos a Estados Unidos? Cuando tú digas. ¿Te viene bien en abril?". "¿Por qué no llevas mis fotos a una agencia, y si me sale un trabajo, con lo que saque, nos vamos de vacaciones juntos?". "Si estuviera contigo por sexo, me habría bastado con la primera noche".
Y siempre me estaba haciendo algún encargo. Ahora entiendo que para él era horrible estar enamorándose de mí y no saber cuando iba yo a volver, o que vez iba a ser la última. Y tampoco comprendía eso de que yo estuviera casada y dijera que en septiembre ya me iba a ser imposible ir. Él no entendía porque yo no dejaba a mi marido por él, por ejemplo. Y debió sentirse utilizado, cuando yo le dije en una carta que fuera más cariñoso conmigo para que me dejase buenos recuerdos y que me fuera más fácil soportar mi matrimonio.
Y claro, llegó la noche fatídica. A él debían haberle echado una bronca de espanto y amenazado con echarle si se le ocurría abandonar la barra aunque fuera un segundo. Y él debía estar rogando que, por favor, ya que yo había ido con mis hijos, me fuera sin proponer vernos y que ese maldito día pasara lo antes posible y ya nos veríamos a la semana siguiente.
Pero yo no había sabido interpretar las señales de apego que él me había dado. Yo sólo veía que pasaba de mí. Él sólo veía que yo le utilizaba. Y entre una cosa y otra... Pues se acabó.
Estoy muy afectada por Til. Por eso apenas escribo, ni como, ni hago practicamente nada aparte de pensar, comerme la cabeza y cumplir mis obligaciones domésticas y maritales.
No me cogió el teléfono. Ni cuando le envié un sms rogándole muchas veces por favor que lo hiciera, o que me dijera cuando iba a poder hablar. Pues ni con esas. Y al final, me enfadé tanto, que estuve llamándole cada cuarto de hora de cinco a siete de la mañana. Si yo no podía dormir por su culpa, tampoco iba a dormir él. ¡Y tampoco! Es increíble cuanto tienes que odiar a alguien para que ni pidiéndote ayuda te dignes hablar.
Indignada le envié un último sms: "J0der, ya te vale no cogerme el teléfono. Era para decirte que estoy aqui con mi marido, y que si vamos, te escondas un poco para que no vea lo guapo que eres".
Y me decepcionó totalmente. En esos momentos, al menos. ¿Esconderse...? Hmm, puede decirse que no se mostró mucho y que no me miró ni una sola vez. Pero yo decidí terminar con él para siempre; imaginar que el Til actual es una persona desconocida que nada tiene que ver con el a veces maravilloso chico con el que yo estuve.
Y al día siguiente el personal en general estaba muy extraño conmigo. Daba la sensación de que ninguno quería atenderme. Y no sé si Til lo vió o qué, pero de repente vino desde el otro lado de la barra:
-¿Te falta algo? ¿Qué te pongo? -y lo único descifrable de su expresión era... quizá algo entre resignación y tristeza.
-Nada. Ya lo tengo todo, gracias -le respondí neutral, casi fría.
Y él hizo un gesto de "pues allá tú". Y se fué. Y podría haberle pedido la caña a él, pero, ¿no quiere que le deje en paz? Pues vale. Le dejo en paz. Intentaré dirigirme siempre a otros camareros.
Pero luego, va y se asoma a la puerta de la terraza. Y yo enseguida miré, simplemente porque percibí movimiento. Y me encontré con su mirada, la misma con la que le miro yo a menudo, como queriendo penetrar en su mente y entender que pasa. Y yo le mantuve la mirada, desafiante. Uno, dos, tres segundos. Hasta que se metió de nuevo dentro del bar.
(Para cantarla con la música de "Mírame", de "El arrebato".
Fue volver a verte y resurgieron los recuerdos no esperaba volver a enamorarme de ti. Me bastó un segundo de encontrarme con tus ojos, para darme cuenta de que estoy loca por ti.
Olvidé tol' daño y regresé al paraíso, a esos días de cine que tuvimos tú y yo. Se me borró el ceño y me brotaron las sonrisas. Tú hiciste la magia de curarme el corazón.
Y ahora, ¿qué? Me has resucitado para decirme que no. Yo era un cadáver y ahora bullo de pasión, y de dolor...
Y ahora, ¿qué? Te me muestras dulce me sonríes y te vas. Buscas mi mirada para luego echarte atrás, ¿de qué vas?
Quiero demostrarte que fué to' un malentendido y que desde ahora nunca más te fallaré. Llévame en tu barco y levemos anclas juntos. Me pongo en tus manos, no te decepcionaré.
Si necesitas tiempo yo te doy todo el que quieras. Me he esperado un año puedo esperarme otro más. Pero si volvemos dejémosnos de mentiras, y de falsos juegos y abracemos la verdad.
Que, ¿por qué? ¿Es qué no lo entiendes? ¿Te lo tengo que explicar? Te he querido siempre y te lo puedo jurar, de verdad.
Y tú a mí. Antes era tonta pero ahora sé que era así. Acábamos odiándonos y le pusimos fin, ay de mí...
Te diré cada mañana cuanto más te quiero. Y que eres fantástico, espléndido y fenomenal. Y ya nunca más te pincharé con tus defectos, pues ya no los veo pa' mí tú eres el no va más.
Dentro de unos días te pedire que volvamos. Me muero de miedo pero lo tengo que intentar. Por favor no cedas ni al rencor ni al orgullo. Y dime que sí y nunca más mires atrás.
Que, ¿por qué? ¿Es qué no lo entiendes? ¿Te lo tengo que explicar? Te he querido siempre y te lo puedo jurar, de verdad.
Y tú a mí. Antes era tonta pero ahora sé que era así. Acábamos odiándonos y le pusimos fin, vuelve a mí... Vuelve a mí...