Tu
jefe te llama a su despacho y te dice que tienes que acabar
un informe para mañana. Tú realmente no crees
que sea posible.
Reaccionas con
cierta violencia, argumentando punto por punto la importancia
de otros informes que no pueden esperar.
No
dices nada y después te quejas. Utilizas la fibra sensible
con tu compañera para que te ayude a terminarlo.
Le
dices de acuerdo y te vas directa a tu despacho. Te pones
a trabajar en el informe sin moverte hasta las 9 de la noche.
Hablas
con él durante una hora. Después, en lugar de
concentrarte en el informe te ocupas de treinta y dos post-its
urgentes que tienes encima de la mesa de tu despacho.