A la trabajadora
empedernida le gusta que se la reconozca por su competencia,
su trabajo y por su capacidad y calidad de reflexión.
Concienzuda hasta la médula, es muy perfeccionista,
consigo misma y con los demás. Se interesa, ante todo,
por los hechos y no demuestra sus sentimientos, ni su simpatía.
Planifica, organiza, estudia, trabaja muchas horas e improvisar
está fuera de su vocabulario. Le horroriza perder el
tiempo, nunca delega, en fin ..., hace demasiado.
Para comunicar con una trabajadora empedernida, tienes que
ir al grano. Ante todo, evita expresar tu estado anímico
y cualquier comentario personal. Pregúntale su opinión,
reconociendo su saber y sus competencias.
Si la necesidad de reconocimiento de la trabajadora empedernida
no ha quedado satisfecha, se pone nerviosa, obligándose
a ser más-que-perfecta. Se convierte en una "superperfeccionista",
sin delegar y cargando con todas las responsabilidades. Acaba
desmotivando completamente a los que la rodean y más
sola que la una.
La
empática
La
rebelde
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