

El
exterior de una casa representa nuestro propio aspecto exterior o al menos
el sentimiento y la idea que tenemos del mismo. Es la apariencia que mostramos
al mundo exterior y la manera con la que nos presentamos a los demás.
Ilustra nuestro sentido de la sociabilidad y nuestras habilidades en ese
terreno. Así, una casa con la fachada decorada con flores muestra una
personalidad de trato fácil; una casa sombría y escondida detrás de árboles
simboliza, por el contrario, dificultades relacionales. Una casa majestuosa,
con muchas ventanas, representa una personalidad muy fuerte y muy abierta
a los otros. Una casa alta y estrecha, con ventanas pequeñas es el signo
de una personalidad exigente que escoge mucho sus relaciones y amistades.
Cuantas más puertas y ventanas tenga la casa, más accesible a los demás
es la persona interesada y mejor se comunica con el exterior. Por el contrario,
cuanto más pequeñas sean los vanos o menor su número, más se encierra
la persona en ella misma y menos busca el contacto con los otros.
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