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La muerte de un niño es una señal de alerta. Las fuerzas creativas de la persona
implicada están en peligro de desaparición, por ejemplo, por un estilo de vida
muy estrecho. Es hora de dejar un poco de margen a la espontaneidad en la existencia
de esa persona. El mundo de la infancia se extingue dentro de su psicología y
es una pena. Estate atenta para no acabar con el niño que llevas dentro.
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