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Tarta de Queso

Elena Bonet
por Elena Bonet Publicado en 15 de marzo de 2010

La tarta de queso es un clásico entre los postres de Nueva York. Está compuesto por una base de galleta, delicioso queso fresco y un topping de coulis de frutos rojos. Detrás de este exquisito postre se esconden los inmigrantes judíos e italianos, que importaron la receta a Estados Unidos a finales del siglo XIX. Aterrizó con tanto éxito que en el siglo XXI casi todos los restaurantes estadounidenses tienen su propia versión en sus cartas.

La receta de la tarta de queso
Calienta el horno a 150 °C (termostato 5). Funde 60 g de mantequilla al microondas o al baño maría y rompe 200 g más en pequeños trozos. Mézclalos con cuatro pinceladas de canela en polvo, la mantequilla fundida y una bolsita de azúcar con sabor a vainilla. Introduce la masa en el horno en un molde previamente untado y de bordes altos.

En un bol, y con la ayuda de un batidor, mezcla 450 g de queso fresco con 30 cl de leche entera fría, 70 g de azúcar en polvo y otra bolsita de azúcar con sabor a vainilla, 1 cucharada sopera de fécula y una pizca de sal. Añade 3 huevos mientras bates. Vierte esta preparación sobre la masa con pequeños trozos de mantequilla. Introduce la mezcla resultante en el horno durante 40 minutos aproximadamente y a una temperatura de 150°C (termostato 5). Deja que enfríe antes de sacarla del molde y reserva el pastel de queso toda la noche en la nevera antes de servirlo. Preséntalo adornado con un coulis de frutos rojos.

La masa
Con un poco de imaginación y muchas ganas todo es posible. ¿El principio? Mezcla siempre las galletas que elijas con mantequilla. Si quieres, añade azúcar con sabor a vainilla y un poco de canela para ensalzar la masa. En cuanto a la elección de las galletas, tú decides: pequeñas y de mantequilla, saladas, palitos, cookies, etc. Quédate sólo con las de un tipo o mezcla varias clases. Debes saber que las maría son el gran clásico. Para extender la base, no hay nada más sencillo que adherirla al culo del molde y por los bordes con la ayuda de una cucharilla.

El relleno
La tradición marca el uso de Philadelphia, pero si prefieres alguna otra crema o no la tienes a mano, podrás pasar sin ella. Elige entre crema de queso, queso fresco, petits suisses, yogur natural, ricotta, mascarpone o cualquier tipo de queso blando. Como con las galletas, puedes quedarte con una clase de queso o mezclar dos variedades y dar más carácter a la tarta. Aquí tienes algunas combinaciones que sí funcionan: petits suisses con ricotta, queso fresco con mascarpone o crema de queso con yogur natural. También puedes hacerlo sólo con queso fresco o queso tierno.

La cocción
Cocido o no, el cheesecake se consume tras haber reposado bastantes horas en la nevera. Después, todo depende de los gustos:
>Cocido
Si prefieres una base crujiente y una textura compacta, hazlo al horno. Es la versión más clásica. Para asegurarte de que está bien hecho espera a que la capa superior se dore un poco. El tiempo: 40 minutos de reloj en el horno a 150 °C (termostato 5).
>Crudo
Si, por el contrario, eres adicta al queso fresco, no lo cocines. Para que se mantenga firme sobre la base deberás añadir un poco de gelatina cuando calientes el queso fresco. Si no tienes gelatina, sustitúyela por agaragar. Ahora ya sólo deberás esperar unas 4 horas antes de probarlo.

La última capa
La tarta suele decorarse con coulis de frutos rojos: frambuesa, fresas, arándanos, mango o limón. Una idea sencilla para un coulis riquísimo: pasa por el túrmix 300 g de frambuesas, 3 cucharadas soperas de azúcar glaseado y una de café con zumo de limón. También puedes utilizar caramelo, chocolate a la taza o trocitos de cacahuete.

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