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Clarita, un pequeño hogar culinario lleno de sorpresas

Miriam Aguilar
por Miriam Aguilar Publicado en 7 de noviembre de 2013

Nos gusta esta moda a la que todo el mundo se está sumando últimamente de ir de gastrobares. Este concepto, que inevitablemente alude a los paladares más exigentes, ofrece un sinfín de descubrimientos culinarios que harán de tu experiencia un auténtico sueño. Es lo que nos ha pasado con Clarita, un restaurante que triunfa gracias a su cuidada cocina de carácter internacional y su carta de vinos ecológicos.

Situado en el corazón de Madrid, en pleno barrio de Malasaña, Clarita se alza como una buenísima opción para quienes quieran disfrutar de una comida sabrosa y original, muy bien hecha. El ambiente, que combina el minimalismo del blanco con la calidez de la madera, resulta perfecto para comidas informales aderezadas con un servicio muy cercano. Y es que da gusto que te aconsejen cuando la carta incluye propuestas tan llamativas como raviolis de calabaza con salsa de tomates deshidratados, trufa y rúcula o solomillitos de pato con juliana de tirabeques a la plancha, peras y teriyaki de cítricos.

Entre los platos protagonistas, nos dicen a la hora de pedir, “están los rollitos vietnamitas artesanos y la hamburguesa gourmet de ternera 100% con queso tetilla fundido, cebolla caramelizada, tomate raf y canónigos”. Pero queremos probar algo diferente, y nos decantamos como entrante por unas alcachofas naturales confitadas, a la parrilla, con vinagreta de piñones y miel de caña. En realidad, en su carta no hablan de entrantes, primeros o segundos, sino que “todo es para todos” porque sus propuestas son ideales para compartir. Así las cosas, comenzamos con una opción muy saludable y sabrosa con la que la boca se nos hace agua. El gusto de la parrilla combinado con el dulzor de los piñones y la miel hacen de éste plato una referencia.

Pero lo mejor llegó después, en mi opinión, con el pulpo a la brasa, cachelos de patata asada y chutney de mango. La mezcla de este último con el sabor del molusco, tierno a más no poder, suponen un festival para el paladar. Siguiendo con la idea de completar este estupendo viaje gastronómico a Galicia, quisimos probar las vieiras. Un manjar sobre puré a la antigua con trufa, ajada gallega y brotes. Una maravilla. En este punto, el estómago ya se encuentra saciado, pero siempre hay hueco para un dulce, ¿verdad? En clarita cualquier elección es buena, aunque si os gusta la manzana no os podéis perder el Tatin Clarita con manzana salteada, crujiente de filo, salsa de caramelo y helado de vainilla.

Entrada al gastrobar Clarita © Clarita

En cuanto al maridaje, este gastrobar tampoco deja indiferente… Clarita hace una declaración de intenciones en cuanto a sus elecciones: su carta de vinos, de carácter ecológico, procede de pequeñas bodegas artesanales cuyas referencias son difíciles de encontrar. Como soy de riojas, pedí el Corriente, y la verdad que no me decepcionó en absoluto.

En definitiva, Clarita nos propone un viaje a diferentes destinos internacionales sin movernos de la mesa. Su artífice, Antonio Fuentes, lleva cinco años innovando en este espacio, que es ya un referente gracias a sus recetas frescas y saludables con productos de calidad. Pero esto no es todo; en su búsqueda de hacer de este un local multifuncional, Fuentes nos propone también la posibilidad de tomarnos un buen gin tonic o un cóctel como el Red Gin, con limón, azúcar, clara de huevo, frutos rojos y Tanqueray. ¿A que ya estás pensando en un afterwork?

Clarita: Corredera Baja de San Pablo, 19. Madrid. Precio medio: 21 €. Menú de mediodía 11€.
Si quieres saber más sobre este restaurante, visita su web

por Miriam Aguilar

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