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¡Libérate de la culpa y sé más feliz!

por Redacción enfemenino Publicado en 1 de marzo de 2017
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Es sorprendente la rapidez con la que la culpa puede entrar en nuestras vidas, a pesar de lo seguras o inteligentes que sean las personas. ¿Has experimentado alguna vez esta sensación? Nuestra experta nos cuenta cómo deshacernos de ella.

La culpa, es una señal de advertencia emocional que la mayoría de la gente aprende a través de su desarrollo social normal desde la niñez. Su propósito es hacernos saber cuándo hemos hecho algo mal, para ayudarnos a desarrollar un mejor sentido de nuestro comportamiento y cómo nos afecta a nosotros mismos y a los demás. Es de suponer que su propósito es que repasemos minuciosamente nuestras acciones o nuestro comportamiento para que no acabemos cometiendo el mismo error dos veces.

¿Cómo podemos ayudar a combatir nuestros sentimientos de culpa, y aceptarlos cuando son importantes, pero dejarlos ir más fácilmente cuando no lo son?

El primer paso es reconocerlo

La culpa puede ayudarnos a crecer y madurar cuando nuestro comportamiento ha sido ofensivo o perjudicial para los demás o para nosotros mismos. Si nos sentimos culpables de decir algo ofensivo a otra persona, o de centrarnos en nuestras carreras con una semana de trabajo de 80 horas sobre nuestra familia, eso es una señal de advertencia con un propósito: cambiar nuestro comportamiento o sabemos que vamos a perder a nuestros amigos o familiares por no darles la atención que se merecen. Podemos optar por ignorarla, pero sabemos que va a comportar un riesgo. Esto se conoce como culpa "sana" o "apropiada" porque sirve a un propósito: tratar de ayudar a redirigir nuestra brújula moral o conductual.

El problema surge cuando nuestro comportamiento no es algo que necesita reexaminarse, ni es algo que necesita ser cambiado. Por ejemplo, muchas madres primerizas se sienten mal por volver a trabajar a tiempo parcial, temerosas de que puedan causar daño emocional a su hijo. Pero hemos visto que la mayoría de niños tienen padres que trabajan y todos tienen un desarrollo normal y saludable. Sabemos que no hay nada por lo que culpabilizarnos pero, aun así, nos sentimos culpables el primer día que empezamos a trabajar, o de dejarlos en la guardería o con los abuelos o canguros. Este tipo de culpa no es sana porque no sirve a ningún propósito racional.

Pero si te sientes culpable por comer cinco barras de chocolate seguidas, esa es la manera que tiene tu cerebro de avisarte sobre un comportamiento un poco extremo. A veces, nuestro comportamiento puede ser autodestructivo y en última instancia dañino para nuestra salud y bienestar. Así que el propósito racional de este tipo de culpa, es simplemente tratar de convencerte de cambiarlo.

¿Cómo combatir la culpa?

Si la culpa es para un propósito específico y racional, es decir una culpa sana, haz cambios para poder arreglar el problema. Si nuestro modo de comportarnos ha herido a alguien, podemos disculparnos y hacer un propósito de mejorar nuestra manera de relacionarnos con esa persona o en general.

Un poco más difícil será hacer cambios en un trabajo al que dedicas todo tu tiempo. Pero si eso perjudica tus relaciones familiares o te estás perdiendo la vida de tus hijos y eso te hace sentir mal, empieza a hacer una lista de lo que es más importante para ti y actúa en consecuencia. El tiempo que pasas con las personas de tu familia no vuelve, así que no solo ganar dinero es importante para ellos, también lo es el tiempo y la ilusión que les puedes dedicar. Entonces, intenta hacer cambios paulatinamente, y una vez que estés en paz, porque sientes que haces lo que más resuena contigo, esa culpabilidad habrá desaparecido.


Aceptemos que hicimos algo mal, pero sigamos adelante. Si hiciste algo malo o hiriente, tendrás que aceptar que no puedes cambiar el pasado. Pero sí que puedes reparar tu comportamiento. Puedes pedir consejo a un profesional para mejorarlo, pedir disculpas, hacer firmemente el propósito de ser mejor persona para ti y para los demás, y luego déjalo ir.

A veces puede ocurrir que las personas a las que hayamos herido o las cosas que hemos hecho mal, no nos perdonen, pero si la nueva actitud es sincera y te mueve la generosidad y el amor, es muy probable que las cosas vuelvan a la normalidad.


Aprendamos de nuestras acciones y comportamientos. Por ejemplo, si cuando hablamos decimos todo lo que pensamos sin pestañear, es posible que eso pueda herir a las demás personas. La culpabilidad nos dice que debemos pedirles disculpa y después tomar la determinación -y ponerla en práctica- de pensar un poco más antes de abrir la boca.

A veces, nos sentimos culpables por estirarnos en el sofá a leer un libro cuando la casa la tenemos patas arriba, o tenemos trabajo que hacer. Pero eso es una culpa mal emplazada, porque para tener un comportamiento relajado y empático, primero debemos escucharnos a nosotros mismos y darnos un poco de aquello que los demás necesitan.

El propósito de la culpa no es hacernos sentir mal porque sí. El sentimiento de culpabilidad está tratando de llamar nuestra atención para que podamos aprender algo de la experiencia. Si aprendemos de nuestro comportamiento y de las consecuencias de éste, seremos menos propensos a volver a fastidiarla en el futuro.

Tengamos clara una cosa: la perfección no existe

Nadie es perfecto, incluso nuestros amigos o familiares que parece que tienen una vida perfecta, tienen sus momentos de discusiones o de bajón emocional. Nadie nace enseñado y la vida es un aprendizaje que, como todos, se aprende haciendo.

Luchar por la perfección en cualquier parte de nuestras vidas es una receta para el fracaso, ya que nunca se puede lograr. Todos cometemos errores y muchos de nosotros vamos viviendo y podemos sentirnos culpables al echar la vista atrás. La clave, sin embargo, es darse cuenta del error y aceptar que eres humano. No te tortures con meses de auto-culpabilidad, ni maltrates tu autoestima porque deberías haberlo sabido o deberías haber actuado de manera diferente, o deberías haber sido una persona ideal. No lo eres, y yo tampoco. Esto es solo la vida. Y la vida no siempre es ideal. Hacemos lo que buenamente podemos.

La culpa es una de esas emociones que los seres humanos sentimos, cuya misión es decirnos algo importante acerca de nosotros mismos. Si te conoces bien y estás en sintonía contigo mismo, te darás cuenta de su propósito.

Pasar tiempo haciendo meditación, recibiendo ajustes quiroprácticos para conectar tu mente con tu cuerpo, así como listas de las cosas que necesitas identificar para dejar de sentirte culpable, te harán discernir si tu sentimiento de culpa es racional y útil o sólo es una respuesta emocional sin sentido lógico. Llegar a esa conclusión es el primer paso para lidiar mejor con la culpa en el futuro. Y recuerda, sólo el amor, la compasión y la empatía hacia ti mismo te hará comportarte mejor con los demás. ¡No pierdas tiempo y empieza a quererte desde hoy!

Articulo elaborado en colaboración con Roser de Tienda, doctora quiropráctica con especialidad en salud de la mujer y los niños.

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