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El complejo de Edipo

El complejo de Edipo
El complejo de Edipo recubre el conjunto de las pulsiones, que, hacia los dos o tres años, conducen al niño a sentirse atraído por su madre.
Etapa normal en el desarrollo afectivo de un niño, el complejo de Edipo recubre el conjunto de las pulsiones, que, hacia los dos o tres años, conducen al niño a sentirse atraído por su madre, mostrando hostilidad hacia su padre. Primero utilizado por los chicos, actualmente tiende a emplearse por ambos sexos en el lenguaje.
Definición
El complejo de Edipo es, entre los dos años y medio y los siete, el rechazo inconsciente y normal de los padres del mismo sexo, debido a una proyección amorosa sobre el progenitor de sexo opuesto. Esta etapa se resuelve naturalmente con la identificación progresiva con el padre (si se trata de un niño) o la madre (si es una niña).
Los orígenes del concepto
El complejo de Edipo ha sido identificado para los chicos por Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, en referencia a la obra de Sófocles Edipo rey. Abandonado al nacer, Edipo debe matar a su padre, a quien no conoce, y casarse con su madre. Para las niñas, se utiliza el término de complejo de Electra, en referencia a la heroína griega que mató a su madre Clitemnestra para vengar a su padre Agamenón, que fue asesinado por esta última.
Las manifestaciones
- Hacia los tres años, incluso los dos años y medio, el niño se vuelve posesivo con su madre, pide más mimos y cariño. Puede que también intente entrar en la intimidad sexual de sus padres, por ejemplo entrando a su habitación sin llamar. Respecto a la niña, esta fase corresponde al momento en el que coquetea con su padre, se acurruca en sus brazos y llama su atención, mientras que su madre se vuelve en un rival y un modelo al mismo tiempo. Freud designa esta etapa con el nombre de fase fálica, ya que el chico, en pleno descubrimiento de su cuerpo, es consciente de que el pene es un elemento clave en la intimidad de sus padres, de la que él está excluido.
- Entre los tres y los cinco años, al no conseguir nada con sus maniobras inconscientes de seducción y no poder expresar con palabras lo que siente, el niño tiende a reprimir su contrariedad, que expresará entonces con enfados y pesadillas. Para salir de esta situación progresivamente, entre los tres y los siete años, el niño, en un proceso que Freud denomina la resolución, renunciará a ocupar el puesto del progenitor del mismo sexo, reprimiendo en su inconsciente sus emociones y pasiones. Hacia los cinco o seis años, las niñas quieren actuar como su madre y los niños se contentan con imitar al padre y con compartir sus actividades con él. sta etapa el complejo de castración, ya que frente al deseo del niño, el castigo impuesto por el padre es el más adecuado.
¿Cómo actuar?
Momento clave para la construcción de la sexualidad y de la personalidad, el complejo de Edipo es una etapa normal pero que requiere una atención constante por parte de los padres. Hay que explicarle al niño, que puede volverse agresivo, que nunca podrá casarse con su padre o con su madre, sino que también encontrará una persona distinta con la que podrá hacer lo mismo que sus padres.
La autoridad del padre pone el límite respecto al deseo del niño; a la niña le sirve para que entienda que no podrá tener con él la misma relación que tiene con su madre, y al niño, le supone la prohibición de su madre.
El miembro de la pareja contra el que el niño muestra su agresividad momentáneamente debe hacer como si no pasara nada, mientras que el preferido debe aprovechar esos momentos para valorar al otro.
Las consecuencias sobre el adulto
Para Freíd, el complejo de Edipo mal resuelto durante el desarrollo del niño sería el principio de la inmensa mayoría de los trastornos psíquicos de los hombres.
Sin embargo, este complejo parece que no sólo existe en familias nucleares (en las que el padre, la madre y los hijos viven bajo el mismo tejado), y la emergencia de nuevas formas de familias (monoparentales, homoparentales) conduce al psicoanálisis moderno a considerar los casos en los que la figura paterna está ausente, intermitente o dividida en varios hombres. El defecto de una figura paterna puede hacer que el niño se identifique con su madre y, por lo tanto, en algunos casos puede conllevar que se sienta atraído por personas de su mismo sexo.

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Publicado por la redacción Psico
el 27/06/2008
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