Nuestras miradas se cruzan varias veces, sin que
los demás pasajeros se den cuenta.
Un juego delicioso empieza entonces entre nosotros.
De repente, se levanta y se dirige al vagón
de al lado, dirigiéndome una última
mirada antes de desaparecer.
Decido seguirla. Ella empieza a avanzar, pasando
de vagón en vagón sin volverse.
Cada puerta abierta deja descubrir un nuevo pasillo,
con su silueta a algunos metros de mí.
Este tren me parece interminable. En el último
vagón no hay nadie, y la encuentro, por
fin, en un compartimento, la tez siempre tan clara,
y los ojos ... tiene un nuevo brillo en sus ojos
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