No
hay necesidad de buscar prácticas extremas ni fantasías demasiado
osadas. Actos y gestos simples y agradables pueden volver a aportar calidez a
una relación en vías de hibernación.
Invierto
en lencería sexy. Súper sexy, y no por ello vulgar. Más vale
elegir una prenda que me encante, muy chic, que varias prendas de baja calidad
que no me convenzan demasiado. Lo que elija me tiene que hacer sentir como una
auténtica diosa. Al final él, pensará lo mismo.
Invento
un juego erótico a medida para nosotros dos. Él será un gran
seductor y yo una mosquita muerta.... Yo seré la bella durmiente y tú
el príncipe azul que deberá despertarme por todos sus medios...
Aprendo
el arte de los masajes Tailandeses, indios, californianos, poco importa
con tal de que nos den acerque el uno al otro, de que cree una suave sensualidad
que pueda evolucionar hacia algo más tórrido. Y no dudo a la hora
de comprar el aceite perfumado especial masajes para facilitar aún más
el contacto.
Reservo un hotel para pasar un medio día con él (solamente si me
gusta y disfruto con la idea). Durante unos instantes podréis consideraros
como amantes que comparten una fruta prohibida.
Le regalo un libro erótico para que lo leamos juntos. Las palabras sensuales
leídas por el ser amado nos producen un mayor efecto. Sobre todo si se
lee en un lugar íntimo. Por lo que encuentro un momento y un lugar y le
propongo convertirme en una magnífica lectora...