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Maternidad

10 mantras que repetirte si tienes un hijo adolescente

Terry Gragera
por Terry Gragera Publicado en 17 de mayo de 2016
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Te lo habían advertido, pero nunca pensaste que sería tan duro. Tener un hijo adolescente es como una travesía por el desierto. Agotador. Imprevisible. Tú, que te considerabas buena madre, te encuentras ahora sin armas para actuar ante alguien que parece un extraño, pero que hace poco era tu adorable niño. Tranquila, no eres la única. Repite con nosotros...

¿Cómo es posible que ese bebé que te sonreía todo el tiempo se haya convertido en un adolescente que huye de tus besos como poseído por el demonio? Pues así es, y así será durante unos cuantos años: los de su adolescencia. Durante esta etapa tu hijo se convertirá casi en un extraño para ti. No lo reconocerás. No lo entenderás. No sabrás cómo tratarlo. Puede haber algunos problemas de conducta, pero lo habitual es que no le suceda nada; se comporta así porque es... ¡un adolescente! Y piensas: "Ahora sí que me vendría bien aquel famoso libro de instrucciones que no traía cuando nació". Lo sentimos: no tenemos la fórmula mágica para arreglar la situación. Sólo disponemos de tres consejos: paciencia, paciencia y paciencia. Y mientras, repítete estos mantras (nosotras estamos en ello).

1. No me odia, no me odia... Aunque me atraviese con la mirada

Antes te hacía ojitos y te decía que eras la mamá más guapa del mundo. En sus dibujos no te faltaba ni la corona de princesa. Qué princesa. ¡De reina! Eras la reina de su corazón. Pero ahora tu "pequeñín", tu adolescente, te mira de reojo, calla cuando le hablas y se da la vuelta sin contestarte. Tranquila, no hay un odio profundo en su interior. Aunque se oponga, ¡por sistema! a todo lo que tú digas, en el fondo (muy al fondo) de su alma, sigue adorándote como siempre. Solo que él no lo sabe. En su "el mundo está contra mí", tú ocupas la primera línea de fuego. Búscate un buen chaleco antibalas emocional, y ¡adelante!

2. Lo que hay detrás de la puerta de su habitación no es un ermitaño, es mi hijo

Llega a casa y lo primero que hace es encerrarse en su habitación. Si tuviera candado, lo usaría. Huye de tus preguntas y prefiere estar solo... con su móvil. Esa reciente "urticaria" a la familia tiene una explicación: está consolidando su individualidad, y necesita estar solo. Una sugerencia: llama antes de entrar.

3. Lo he educado bien... aunque huya de la ducha como un gremlin

Los adolescentes y el agua. ¡Ese gran misterio! Con lo que disfrutaba de pequeño con su baño, chapoteando... nunca quería salirse. Y ahora tienes que perseguirlo para que pase por la ducha. No, no ha sido tu culpa que se convierta en un gremlin. Es cosa de la edad.

4. No le importa más su palo selfie que yo.... aunque lo parezca

Te acuerdas perfectamente. Cuando en el paritorio lo pusieron sobre tu regazo no venía con palo selfie incorporado. Y ahora parece una extensión de sí mismo. Tu hijo aparecería ya en la lista Forbes si hubiese ganado un céntimo con cada selfie. "No sin mi palo", pero "¿no sin mi madre?". No hay más preguntas.

5. Revisarle el teléfono no es invadir su intimidad. No lo es. No lo es

Juraste que nunca leerías el diario de tus hijos como tu madre hizo con el tuyo. ¡Y lo has cumplido! No has leído nunca su diario... (bueno, ayuda que no tenga, pero no lo has hecho). Otra cosa es resistirte a revisar (que no cotillear) sus conversaciones de whatsApp. En el fondo, como abnegada madre que eres, tan solo quieres proteger a tu hijo de los peligros de Internet y evitar que sufra ciberacoso. Lo haces solo y exclusivamente por su bien. Y lo sabes.

6. El desorden de su cuarto no está relacionado con su desorden mental

Calcetines, apuntes, zapatos, cables... Todo convive en una armonía distinta en el suelo del dormitorio de tu hijo adolescente. Ya no te sirve el "a guardar, a guardar" con el que conseguías que recogiera sus piezas de Lego. Por más que no lo entiendas, tu hijo parece vivir bien entre el caos. Pero de mayor será ordenado, una buena persona y un excelente trabajador. ¿Lo dudas?

7. Si quiero que me atienda, mejor le mando un whatsApp

Puedes dejarte la voz llamándolo para cenar. No irá. Pero ¿has probado a mandarle un whatsApp convocándolo al salón? Enseguida verás las dos rayitas azules en tu móvil, y, afortunada tú, si tiene un buen día, tal vez te conteste con un emoticono en el que te lance un amoroso beso. ¿Ves como te quería más que a nadie?

8. No ha mutado en Jim Carrey. Ríe y llora. Llora y ríe por efecto de las hormonas

Creías que era imposible encontrar a alguien más histriónico que Jim Carrey. Te equivocaste. Tu hijo adolescente puede reír, llorar, gritar, saltar, y de nuevo todo otra vez en menos de un minuto. No ha mutado. La culpa es de las hormonas.

9. Alcohol y sexo. Yo también fui joven. Yo también fui joven. ¡Vale!, hace un siglo.... Pero yo también fui joven

Has podido encomendarte a todos los santos, poner velas o asegurar "pues mi hijo no". Pero llegará el día en que descubra el sexo y el alcohol.... (¿Estás hiperventilando ya?). Si puedes, tal vez sea buena ocasión para invitarlo a su restaurante favorito para charlar distendidamente sobre cómo protegerse bien si tiene relaciones sexuales. También puedes leerte tú unos trucos para evitar que comience a beber. La información es poder. Y en este caso depende de ti. Valor, ¡y al toro!

10. Esto pasará. Esto pasará. Esto pasará. Esto pasará...

¿Sabes qué es lo mejor de la adolescencia? ¡Que acaba pasando! Sí, estarás unos años desorientada y con el alma en vilo, pero tu hijo o tu hija se convertirán en jóvenes adultos al cabo de los años. Y si has permanecido a su lado, con paciencia, con mucha paciencia, serán estupendos jóvenes. Una recomendación final: vive este proceso con todo el humor que puedas, tu hijo está muy confundido también. Aunque parezca extraño, viajáis en el mismo barco. Disfruta de él siempre que puedas y repite con nosotros: Esto pasará. Esto pasará. Sí, sí, ¡¡pasará!!


​Si te sientes la peor madre del mundo porque no sabes tratar a tu hijo adolescente, déjate llevar por estas imágenes que te devolverán la confianza como madre al recordarte los mejores momentos que has pasado junto a tus hijos.

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