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En Mauritania obligan a las niñas a comer para que puedan encontrar un marido

Cristina Gonzalez Publicado por Cristina Gonzalez
Publicado en 10 de enero de 2017

Los leblouh son unas 'granjas de engorde' donde se interna a las niñas con un único fin: cebarlas hasta que alcancen la obesidad. Las obligan a comer cantidades desproporcionadas de alimentos para alcanzar lo que allí consideran el canon de belleza ideal. ¿El objetivo? Que puedan encontrar marido.

Mientras que en gran parte de Occidente se procesa aún el culto a la delgadez, en países como Mauritania ocurre todo lo contrario. En su cultura, el ideal de belleza reside en la obesidad: cuanto más gorda esté una mujer, más posibilidades tiene de conseguir un "buen" marido. Es lo que piensan muchos mauritanos, especialmente aquellos que residen en las zonas rurales. Una mujer gorda representa salud, riqueza, fertilidad y belleza. Por eso las madres obligan a sus hijas a pasar por una tradición ancestral: el gavage, que consiste en obligarlas a comer. Ellas mismas las someten a una alimentación forzada a base de leche de camello, mijo, mantequilla o dátiles. Productos altamente calóricos para que las niñas alcancen lo antes posible el sobrepeso.

En muchas ocasiones, especialmente durante la temporada de lluvias, a las niñas de entre ocho y diez años aproximadamente, se las encierra en las llamadas leblouh, unas granjas o campamentos donde las mujeres que las regentan ceban a las niñas. Se calcula que pueden llegar a ingerir entre 14.000 y 16.000 calorías al día, una cantidad que supera cien veces la recomendada. Allí emplean métodos para infundirles dolor y obligarlas a seguir comiendo, aun cuando no pueden más e incluso después de haber vomitado. Aunque en las ciudades cada vez se practica menos esta tradición, en el campo aún es frecuente que se de, pues para los mauritanos, la obsesidad es sinónimo de orgullo y una garantía para conseguir un marido.

Torturan a las niñas para que sigan comiendo

Para obligar a las niñas a comer, las madres o las encargadas de regentar las granjas de engorde, les retuercen los dedos hasta que el dolor las obliga a rendirse y a seguir comiendo.

Una técnica habitual es utilizar los llamados palos zayara cuando las pequeñas no quieren comer más. Se trata de dos palos de madera que les ponen alrededor de los pies, apretándolos, ​para causarles daño. Mientras las niñas se distraen con el dolor, las madres aprovechan para cebarlas con más alimentos. En un documental emitido por National Geographic advierten de las consecuencias que esta tradición tiene para las niñas: "Algunas han muerto de pancreatitis aguda, complicaciones gástricas o incluso ahogadas con su propio vómito".

"Las hago comer muchos dátiles, cuscús y otros alimentos calóricos", comentaba Fatematour en el mismo documental, una mujer de sesenta años que dirige uno de los leblouh en Atar, un pueblo desértico en el norte del país. En un país como Mauritania, donde no existen cadenas de restaurantes de comida rápida, deben buscar otras alternativas. La más empleada es darle a las niñas cuencos de leche de vaca o camello espesada con mijo y mantequilla.

Llegan a pesar entre 80 y 100 kilos

Las guardianas de estas granjas de alimentación forzosa estiman que el peso "ideal" para una niña de unos doce años se sitúa alrededor de los 80 kilos. Esta sobrealimentación, que no es más que un claro ejemplo de maltrato infantil, tiene consecuencias fatídicas para la salud de las mujeres.

Según apunta National Geographic, en Mauritania, un tercio de las mujeres de 40 años tiene sobrepeso y otro tercio obesidad. Gran parte de la población femenina tiene problemas cardiovasculares, consecuencia del sometimiento a esta tradición. La obsesión por hacer engordar a las niñas es tal que hasta se las ha llegado a administrar hormonas para que aumenten aún más de peso. "Muchas mujeres están solicitando la píldora anticonceptiva con la idea equivocada que también tenemos aquí de que engorda", explicaba Aída Sanz, Técnica expatriada para la Asamblea de Cooperación por la Paz, en un reportaje para La Sexta Noticias.

Cuanto más gordas, mejor

"Me empezaron a cebar cuando tenía ocho años. Me castigaban y me pegaban, no podía jugar con otros niños. Me tenía que quedar en casa porque me forzaban a comer", cuenta Aminatou, una mujer mauritana que ofreció su testimonio en el documental de National Geographic. Y a pesar de ello, confiesa también que hará lo mismo con su hija, pues se trata del mejor método para conseguir un marido. "Aquí tenemos un refrán: cuanto más ensanche y crezca una mujer sobre la alfombra, más lo hará en el corazón del hombre".

En un país como Mauritania, con escasez de recursos, una persona gorda representa salud y riqueza. Cuanto más gorda esté una mujer, más alto será su estatus. "Aquí consideramos que las mujeres delgadas son un escándalo y una vergüenza para la familia"​,​ contaba Fatematour. "Es un orgullo tener una hija gorda".

Esta práctica sigue siendo legal y, aunque decrece, aún se sigue llevando a cabo. Organizaciones como UNICEF, Human Rights Watch o AFCF (Asociación de Mujeres Cabeza de Familia) están trabajando para poder erradicar esta tradición, pues además de suponer una forma de maltrato infantil, también fomenta el matrimonio forzado entre las familias, obsesionadas muchas veces por casar a sus hijas lo antes posible.

REDACTORA@CriistinaG


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