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Mujer hoy

Mujeres que luchan por ofrecer un futuro a otras mujeres

por Redacción enfemenino Publicado en 27 de febrero de 2016
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Aunque queda mucho camino por recorrer, su trabajo es un ejemplo para la sociedad. Todo reconocimiento es poco para estas grandes mujeres que dedican su vida a ofrecer un futuro mejor a mujeres que lo necesitan.

Son mujeres que después de haber vivido experiencias duras cercanas o de haberlas experimentado en persona, han decidido dedicar todas sus fuerzas a luchar por la libertad y los derechos de otras mujeres que han pasado por su misma situación o que a día de hoy todavía sufren discriminación. Aquí tienes algunas de las mejores representantes de mujeres que luchan por ofrecer un futuro mejor a otras.

Ann Cotton © Ann Cotton vía Getty

Ann Cotton y la lucha contra el ausentismo escolar

200 millones de niños no escolarizados en África forman la mitad del total mundial. Las niñas, sin un futuro promisorio y con un alto índice de embarazos precoces, suelen ser las que peores perspectivas de vida tienen.

¿Cómo romper el ciclo? Para Ann Cotton la respuesta reside en la educación de las niñas. Su razonamiento: una mujer educada gana un 25% más y reinvierte el 90% de sus ganancias en su familia. Tiene tres veces menos probabilidades de contagio de VIH/Sida y un promedio menor de tener hijos a una edad temprana. En tanto, éstos tienen el doble de probabilidades de vivir más allá de los 5 años.

Tras la muerte inesperada de su hija, Ann visitó una zona rural de Zimbawe donde conoció a dos hermanas que caminaron 100 kilómetros hasta una aldea con escuela gratuita y vivían en una choza improvisada. Al regresar a Inglaterra, comenzó a recolectar dinero para asistirlas y en un año consiguió reunir los fondos para ayudar a 32 niñas. Dos años después nació Camfed, la Campaña por la Educación Femenina.

Sakena Yacoobi, la profesora clandestina

Durante los años más fuertes del régimen talibán en Afganistán, que prohibía la educación de las mujeres, la doctora Sakena Yacoobi, fundadora y presidenta de AIL (Instituto Afgano de Aprendizaje), consiguió mantener una red de 80 escuelas clandestinas para 3.800 niñas. “No fue nada fácil y era arriesgado. Negociaba con la gente para que me cediera casas y protegiera las escuelas y a las alumnas”, le cuenta a Nicholas Kristof en La mitad del cielo.

"Las instruíamos para que no llegaran todas a la vez, sino escalonadamente. No se permitía la entrada de hombres y siempre había alguien de guardia, vigilando”. El plan de Yacoobi tuvo tanto éxito que solamente una escuela fue descubierta por los talibanes, aunque no encontraron nada. Después de la caída del régimen talibán, esta mujer llevó su ímpetu educativo a una escala sin precedentes en su país. El Instituto Afgano de Aprendizaje hoy en día educa a 350.000 niñas y mujeres en todo Afganistán, y ha formado a 13.000 profesores. En total se han beneficiado más de siete millones de afganos.

Roshaneh Zafar y los ahorros de las personas sin recursos

"Debemos salirnos de la mentalidad de que los ricos hacen los negocios y los pobres tienen la caridad¨, dijo alguna vez el economista bangladeshi Muhammad Yunus, creador del Banco Grameen y Premio Nobel de la Paz. Su filosofía de que lo que necesitan las personas más pobres es una oportunidad, acompañada por una responsabilidad económica real, ha tenido un éxito notable y su modelo de microfinanciación ha sido adaptado –con mayor o menor éxito- en todo el mundo. Una de sus discípulas más exitosas es Roshaneh Zafar, una paquistaní que se educó en Estados Unidos y trabajaba en el Banco Mundial, pero lo dejó todo tras conocer en una comida al “banquero de los pobres”.

Su Fundación Kashf ("milagro”) comenzó en 1996 con 15 mujeres. Hoy cuenta con 300.000 clientes en 152 oficinas y más de 134 millones de euros en préstamos, a más de un millón de familias paquistaníes. La tasa de devolución ha sido –y aquí es donde los bancos tradicionales deberían tomar nota- del 99,9%.

Y aunque su modelo se basó inicialmente en el del Banco Graneen, Zafar y Kashf han ido afinando sus servicios de manera que respondan mejor a las necesidades de un país cuya población es más rural que la de Bangladesh, uno de los de mayor densidad humana en el mundo. Las beneficiarias de Kashf suelen ser mujeres casadas y de escasos recursos entre los 20 y 50 años, con familias de –en promedio- 7 integrantes. Dos terceras partes de ellas nunca recibió una educación formal.

Malala Yousafzai, una lucha por la educación para las niñas

La ganadora del Nobel de la Paz (consiguió el reconocimiento con tan solo 17 años) lucha a diario por reconocer la importancia y la necesidad de que todas las niñas del mundo tengan derecho a la educación. Según ella, un arma infalible con la que luchar por los derechos humanos.

Su historia es sobrecogedora: Malala fue víctima de un atentado talibrán mientras se dirigía a clase. Los terroristas asaltaron el autobús en el que viajaban ella y sus compañeras y dispararon contra Malala en repetidas ocasiones. Los disparos impactaron en la parte izquierda de su cabeza y la joven activista tuvo que ser intervenida quirúrgicamente. Malala consiguió sobrevivir y, a pesar de que sabe que arriesga su vida simplemente por defender los derechos de las mujeres, desde entonces no ha parado de reivindicarlos, especialmente el derecho a la educación de las niñas. "Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución", afirma Malala Yousafzai.

Rosamaría Ruiz, la guardiana de la selva

Madidi es el paraíso en la tierra. Este parque nacional de Bolivia es el área con mayor biodiversidad en todo el mundo, superando incluso al célebre Manú, en Perú. Y aunque es un sueño para biólogos y amantes de la naturaleza de todo el mundo, crearlo y cuidarlo no ha sido fácil. A la cabeza de ese esfuerzo está Rosamaría Ruiz, una ambientalista terca e insistente como pocas.

Rosamaría, una ermitaña de corazón y amante de la selva, comenzó a recorrer a pie, en mula y en canoa los caseríos indígenas de la zona para consultarles sobre la creación del parque y su apoyo a la iniciativa. La presión de todos fue exitosa y el gobierno boliviano invirtió en este espacio natural, un área más grande que la del País Vasco y Navarra juntos.

La apuesta de Rosamaría es por la educación y la promoción del ecoturismo. "Tienen suerte de vivir entre cóndores, vizcachas y osos de anteojos”, le dice Rosamaría a los niños indígenas. “Si ustedes los cuidan los turistas vendrán y ustedes tendrán trabajo cuando crezcan".

Saud Sharif, una activista por la educación

Saud Sharif estaba "condenada" a un matrimonio de conveniencia pero logró convencer a sus padres para lograr tener un educación digna. Hoy en día, Saud es la directora de una de las escuelas que existen en un campo de refugiados de Kenia.

Su día a día es ayudar a los niños a conocer cuáles son sus derechos fundamentales y luchar porque estos salgan adelante a través de la educación y la cultura.

Ruchira Gupta y la esclavitud en tiempos modernos

Aunque cueste creerlo, la esclavitud aún existe en pleno siglo XXI. No la esclavitud tradicional con la que estamos familiarizadas, de plantaciones y barcos transatlánticos. La forma de esclavitud moderna más extendida afecta de manera desproporcional a las mujeres: la prostitución forzosa. Ruchira Gupta era una exitosa periodista india, que realizaba investigaciones sobre los más variados temas de actualidad. Un día, viajando por una zona rural del Himalaya indio, le llamó la atención la gran ausencia de niñas. Las respuestas a sus preguntas le dieron indicios de que el tráfico de niñas para prostitución era común en la zona.

Su preocupación la llevó a hacer un documental sobre el tema, que aborda cómo redes de traficantes compran niñas y jóvenes en la frontera con Nepal para llevarlas al distrito rojo de Mumbai. La venta de inocentes, que muestra incluso a un padre negociando a la hija de nueve años sentada a su lado, se convirtió en un éxito mundial. Pero esta vez a Ruchira le costó trabajo retornar a su profesión e ir a la caza de otra historia. Un grupo de las mujeres que aparecieron en el documental le pidieron ayuda y después de reflexionar pronto se pusieron de acuerdo sobre lo que más les preocupaba: que sus hijas no cayeran en las mismas redes. Así nació Apne Aap, "ayudarse a sí mismo" en hindú, una asociación sin ánimo de lucro a partir de la unión de las mismas mujeres, determinadas a romper con el ciclo.



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