Mi hijo es hiperactivo



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Mi hijo es hiperactivo

Mi hijo es hiperactivo

¿Tu hijo es un pequeño monstruito, se lanza sobre todas las cosas, grita, le cuesta concentrarse y tiene dificultad para aprender a leer? Puede que sea hiperactivo. La hiperactividad es difícil tanto para el niño como para los de su entorno. Aquí te damos algunos consejos para controlar la situación lo mejor posible.

 

¿Qué es la hiperactividad?
Detrás de la hiperactividad a menudo se esconden otros síntomas, tales como la falta de atención y la impulsividad. Este trastorno del comportamiento, actualmente conocido bajo la sigla TDA/H (trastorno por déficit de atención/hiperactividad), es un síndrome neuroconductista. Sus manifestaciones, muy numerosas e impresionantes, se traducen por problemas de atención y de concentración, problemas de percepción, de conceptualización y de coordinación, pero también del lenguaje y la memoria. Por eso, los niños hiperactivos a menudo presentan un retraso escolar.

¿Cómo reconoce a un niño hiperactivo?
No es fácil distinguir a un niño excesivamente problemático de uno verdaderamente hiperactivo, ya que no existen tests neurológicos o psicológicos que permitan aislar la enfermedad. Los síntomas, a veces se reconocen desde el nacimiento (el bebé llora sin cesar, grita, se agita, duerme mal, se sobresalta fácilmente, etc.) pero, lo más habitual es que la hiperactividad se revela cuando el niño empieza su aprendizaje escolar. Si no se está quieto, a menudo mueve las manos y los pies, se mueve sobre su silla, se levanta sin para, se sube y salta por todas partes, tiene problemas de concentración, es incapaz de fijar su atención más de unos segundos, no acepta ninguna negativa ni ninguna frustración sin acabar con un ataque de nervios, es hiperemotivo… Si muestras estos síntomas, hay una probabilidad muy alta de que sufra hiperactividad.

¿Hay algún tratamiento?
No existe ningún tratamiento curativo, pero actualmente es posible controlar al niño atenuando las consecuencias de los trastornos relacionados con la hiperactividad. Los medicamentos utilizados son, normalmente, estimulantes, incluso anfetaminas. El más conocido es la Ritaline® que, paradójicamente, calma al niño y mejora su concentración. No obstante, un tratamiento eficaz debe ser contemplado en su totalidad y a largo plazo. Un control psicológico puede ser, por lo tanto, beneficioso tanto para el niño como para su familia. Las terapias (psicoterapias y terapias de conducta) dan buenos resultados porque permiten al hiperactivo canalizar su energía y aprender a controlar sus emociones.

¿Se puede prevenir la hiperactividad?
La hiperactividad es una enfermedad compleja, y es raro poder identificar la causa precisa. Algunos estudios, sin embargo, han demostrado que en más de la mitad de las personas que sufrían hiperactividad, por lo menos un miembro de su familia presentaba los mismos síntomas. La herencia es, por lo tanto, un dato que hay que tomar seriamente en consideración. Se han identificado otros factores, como la exposición a ciertas sustancias tóxicas durante la vida intrauterina (alcohol, plomo, ciertas drogas y sustancias químicas generadas por la contaminación) o una falta de oxígeno durante el nacimiento. La mejor prevención sigue siendo evitar toda conducta de a riesgo durante el embarazo.

Ayudar a tu hijo en el día a día
Si el tratamiento prescrito por el médico es una ayuda preciosa para el niño, el papel de los padres en la gestión de la vida diaria también es esencial.
- Crear un entorno adaptado a sus necesidades: el niño hiperactivo es particularmente sensible a toda forma de estímulo exterior. Por lo tanto, es mejor confiarle una sola tarea y preparar un entorno tranquilo que favorezca su concentración. Esto es esencial, por ejemplo, cuando tiene que hacer los deberes.
- Evitar el efecto sorpresa: un hiperactivo tiene dificultad para controlar los acontecimientos imprevistos, a los cuales a menudo responde con agresividad. Así pues, necesita cosas que lo tranquilicen, como un horario estable, con horarios regulares (despertar, comida, siesta, juegos, acostarse…).
- Animar y dar responsabilidades al niño: un niño hiperactivo a menudo hace tonterías y corre el peligro de perder la confianza en sí mismo si se destacan demasiado sus errores. Aunque es importante inculcarle los límites que no hay que sobrepasar, también hay que velar por animarlo, para que se sienta valorado. Confiarle ciertas tareas simples, le permitirá, por un parte, canalizar su energía y, por la otra, ser más autónomo.

Padres: lo que hay que evitar
Educar a un niño requiere mucha energía, y aún más si éste es hiperactivo. Más fácil de decir que hacer, es importante mantener siempre el control sobre uno mismo.
- Las situaciones de riesgo: un niño hiperactivo se siente rápidamente desbordado cuando el ambiente es ruidoso. Entonces, empieza a correr por todas partes, a gritar, y se vuelve rápidamente incontrolable. Por lo tanto, para prevenir este tipo de situación, es preferible evitar las salidas al supermercado o al cine.
- No gritar muy fuerte: cuando el niño desobedece o se rebela, entrar en un plan de negociación es inútil. La prohibición o la negativa debe expresarse claramente pero con calma, para evitar una crisis nerviosa.
- No perder el control de sus emociones: es normal sentirse desbordado frente a un niño hiperactivo. En ese momento es muy fácil caer en el estrés, sentirse culpable, bajar los brazos… Sin embargo, es importante guardar la compostura delante del niño porque necesita referencias para formarse.
- No olvidarse: saber ser egoísta y pensar sólo en uno mismo de vez en cuando es indispensable, incluso salvador. Esto permite aflojar la presión, hacer el vacío, tranquilizarse… En otras palabras, reservarse un poco de tiempo para uno mismo es una válvula de seguridad que no hay que descuidar.




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