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El sujetador cumple 100 años

Alba González
por Alba González Publicado en 30 de julio de 2014
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En 1914 una joven de 19 años patentó lo que hoy todo el mundo conoce como sujetador. Una prenda que revolucionaría el mundo femenino ya que las liberaba de un corsé que apenas dejaba respirar. No consiguió mucho éxito cuando comenzó a comercializarlos, pero hoy mueve grandes cantidades de dinero y sigue siendo la prenda fetiche de muchos.

¡Ya ven! A veces, las cosas más grandes nacen de una estúpida idea o de una pura necesidad. ¿El corsé que llevo me aprieta y se marca en el precioso vestido que voy a lucir esta noche en la fiesta? Puesto corto las varillas, le pongo unos tirantes y ¡tachán! Se ha creado un invento que marcará el siglo XX para el mundo femenino.

Mary Phelps Jacob, la madre del sujetador moderno

Esta breve historia podría resumir bastante bien lo que le ocurrió en 1910 a Mary Phelps Jacob. Después de aquello muchas fueron las señoras que demandaron a la feminista y escritora un sostén como el suyo. Por ello aquella joven neoyorkina decidió, cuatro años después de esa fiesta, liberarse de una prenda que le molestaba y patentar otra que en el fondo ya estaba inventada. Y es que, aunque el sujetador moderno cumpla hoy 100 años, las prendas que cubren el pecho existen desde hace siglos. Griegas, romanas o vikingas, ya llevaron antes piezas de vestir que cubrían sus senos. Sin embargo, lo que parecía un perfecto negocio, no lo fue para Jacob. Su empresa, Fashion Form Brassiere Company, no registró grandes ganancias, por ello, decidió aceptar una oferta por 1.500 dólares de la Warner Brothers Corset Company de Bridgeport por los derechos de su patente.

La primera Guerra Mundial, el paso definitivo para la instauración del sostén

La llegada de la Primera Guerra Mundial dio el paso definitivo a la instauración del sujetador. Y es que, el metal destinado a la fabricación del corsé lo monopolizaba ahora la construcción de material de guerra. A esto se unió que las mujeres comenzaron a trabajar en las fábricas ante la necesidad de hombres, por lo que resultaba imposible combinar horas y horas de trabajo con esa incómoda prenda. Esta vez, aquello de "el trabajó nos hará libres", fue verdad.

Medio siglo más tarde el sujetador se convertía en un símbolo de liberación de la represión. Por ello, feministas del mundo entero quemaban en plazas y lugares públicos sus sostenes como forma de reivindicación.

El sujetador en la actualidad

A pesar de que fue en los años 30 cuando, por primera vez, se estandarizaron las tallas de los sujetadores gracias a la modista Ida Rosenthal, a día de hoy, una de cada dos mujeres españolas no conoce su talla real y una de cada tres, directamente, no lleva.

Y no será por marcas, tamaños, estilos, colores o modelos. Como María Esteve en la película El otro lado de la cama, podría sacar una lista interminable. Los hay para las que quieren rellenar lo que no tienen, para las que quieren disimular lo mucho que tienen, para las que quieren ir sexys o, simplemente, para las que quieren ir cómodas o para las que hacen deporte. Para todas, hay un sujetador perfecto.

Aunque aún muchas se quejan de que esta prenda es incómoda, el problema se encuentra en que la mayoría de las mujeres desconocen su talla de sujetador correcta. A diferencia de otros países europeos, España es el único que mide su talla por el contorno en lugar de por el tamaño de su copa.

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