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El sol ¿amigo o enemigo?
La radiación solar se compone de UV, no perceptible a la vista: los UVC bloqueados por el ozono atmosférico, los UVB bloqueados por el cristal filtrante, los UVA (cortos y largos) que atraviesan el cristal y los infrarrojos para difundir el calor. La calidad de la radiación solar varía según la latitud, la estación, las nubes, la altitud, la polución y la hora del día. La insolación es la conjunción de los rayos directos, de los rayos solares difundidos en la atmósfera, y de los rayos reflejados por el sol (la nieve refleja de 75 a 95%, la arena de 15 a 25%, el agua de 10 a 20%, la hierba de 0,4 à 4%).
Gracias a la protección de la capa de ozono y de la atmósfera, tan sólo una parte de las radiaciones solares llegan a la superficie de la Tierra. La piel es sobre todo penetrada por los UVB (70%), absorbidos por la capa cornea, 20% llegan a la epidermis, 10% van hasta la dermis superficial. La mayoría de los UVA atraviesan la capa cornea y son bloquedas por la melanina. Tan sólo del 20 a 30% alcanzan la dermis profunda. Los IR atraviesan la epidermis y la dermis para alcanza el hipodermo.
La precauciones a tomar
Evita la exposición al sol entre las 12 y las 16h. Toma el sol de forma progresiva. Utiliza productos adaptados a tu tipo de piel. Renueva con frecuencia la aplicación de un fotoprotector, después del baño o del deporte. Protege los ojos del sol. No te fíes del reflejo del sol, porque con un sombrero o bajo una sombrilla, también corres el riesgo de quemarte.