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Sophie continua:
«Seguramente no es una casualidad si he elegido este trabajo. Fue Jean Kerléo, creador en aquel momento de los perfumes Patou, el que me hizo descubrir sus riquezas Este encuentro fue inolvidable y determinante. En aquel momento estaba estudiando químicas, que precisamente me permitió entrar en el Isipca. Nada estaba premeditado, elegí los buenos estudios sin saberlo.»
Tras finalizar sus estudios, integra la escuela de perfumería Givaudan de Genève durante seis meses. En 1992, entra en el IFF como perfumista junior. Sophie recibió en 2005 el premio François Coty, que recompensa la mejor artista perfumista del año. Era la primera vez que una mujer recibía este premio.
Sus primeros perfumes: G de Gigli, Jardin de Soleil de Escada, Organza de Givenchy, Emporio Armani pour Homme, Boss Woman de Hugo Boss y Premier jour de Nina Ricci.
«Ser perfumista es un poco como ser filósofo, hay que estar atento a lo que esperan los demás. Con fuerza de intuición y emoción, contando historias olfativas, transformando las palabras en aromas. Y las colaboraciones son cada vez diferentes. Trabajar para una marca americana como Estée Lauder es realmente fantástico. Pure White Linen está construido alrededor de una rosa muy fresca y jugosa. Estas nociones son muy importantes en Estados Unidos. Hay que proponer algo inédito, que sea como un flechazo.»
Con Amor Amor pour Homme de Cacharel, el challenge también fue muy importante: conjugar la rosa de modo masculino. Sophie explora las facetas múltiples de la flor para hacer que sea sutilmente viril creándole un traje a medida. También fue muy interesante el encuentro con la casa Guerlain: Volvió a las raices creando un agua de Colonia, la Cologne 68, en la que la madera de Oud juega con la flor inmortal en una mezcla, caliente-frío muy sensual.