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¿Qué es?
La toxina botulínica es una proteína purificada. Comercializada por el laboratorio Allergan, Vistabel, es la que obtuvo la autorización de comercialización.
¿Para qué sirve?
Para relajar la frente sin fijarla, permitiendo guardar los movimientos y por tanto la expresión, pero escondiendo las arrugas. El mejor ejemplo son las patas de gallo, que en acción tienen vida, y en reposo están lisas. Todo depende de la dosis y de la concentración del producto, que se debe inyectar en puntos muy precisos. La idea no es de paralizar, que era el gran reproche que se le hacía a la toxina botulínica « el rostro es inexpresivo y estático… ».
Actualmente se hace lo que se quiere, es modulable. No hay un efecto inmediato, es necesario contar de 1 a 5 días, y para un acabado perfecto, unos 15 días. Es necesaria una segunda consulta al dermatólogo para dar unos retoques si es necesario.
Saber más
¿En lo que respecta al entrecejo? Si la arruga es muy grande, la asociación de las dos técnicas, relleno y toxina botulínica permitirá hacer un tratamiento óptimo.
Los +: Un resultado armonioso y natural. Se consigue un aspecto descansado.
Los –: Aparecen algunas rojeces en los puntos de inyección, como si fueran picaduras de mosquitos, que desaparecen en una hora.
Los riesgos
¡Los parpados caídos! Ocurre si se practica una mala técnica de inyección. Efectivamente, el músculo frontal ocupa la parte superior de la cara y cuando se contrae, si levantas las cejas, los parpados caen. Si se inyecta en la parte baja de la frente, se consigue relajarlo, lo que puede provocar esta caída. Puede ser debido a un mal análisis desde el principio.
La duración
De 4 a 6 meses, pero si se hace regularmente, el tiempo de acción se alarga progresivamente, porque se pierde la facultad de fruncir el entrecejo y de este modo se usa y abusa menos de la contracción muscular.
¿Cuánto cuesta?
Aproximadamente 450 € por sesión, incluidos los retoques.