La piel de las manos contiene pocas glándulas sebáceas que permiten la hidratación y la suavidad de la epidermis, todo ello se agrava con el continuo lavado de manos.
Para mantener una piel suave, exfolia suavemente el dorso las manos. Humedécelas y frótalas suavemente durante unos minutos y después enjuágalas con abundante agua.