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En primer lugar, antes de ponerte manos a la obra, asegúrate de que las paredes estén limpias y lisas. Si ya están pintadas y en buen estado, es suficiente con limpiarlas. Quita todas las manchas, moho, huellas… Elimínalas y vuelve a tapar todas las fisuras, rasca los desconchones y los salientes y quita las capas despegadas. Rellena los huecos con yeso y, una vez seco, líjalo correctamente.
¿Hay que ponerle capa de base? Si la pintura está en buen estado, es inútil aplicar la capa de base (sin embargo, no olvides que no debes lijarlo para que se adhiera mejor). Escoge una capa de base que se adapte a la superficie (madera, metal, yeso…) y aplícala con cuidado y deja secar. Esto facilitará la aplicación de la pintura.
Nuestro consejo: Prepararlo todo bien no es una pérdida de tiempo, al contrario, el resultado será mucho mejor.