La actividad física aumenta la masa muscular, estimula la secreción de la hormona del crecimiento, reduce la glicemia, mejora la distribución del oxigeno y de los nutrientes, mejora la respiración y el rendimiento energético, reduce los riesgos de sobrepeso, de diabetes, de enfermedades cardiovasculares, de osteoporosis y de ciertos cánceres, retarda el envejecimiento y atenúa el estrés.
Para empezar, aumenta diariamente tus movimientos: sube las escaleras en lugar de usar el ascensor, camina más, juega con los niños, haz más bricolaje, arregla el jardín…
Durante la semana, programa uno o varios paseos y aumenta su duración de forma progresiva, monta en bici, vete una o varias veces a la piscina, haz gimnasia...
Cada mes, prevé un fin de semana para caminar por el campo, hacer gimnasia, jugar al golf, al tenis, pasar un día en un parque acuático…
A lo largo del año, ofrécete al menos dos veces al año vacaciones activas: bicicleta, natación, golf, curas termales…