Todos sufrimos una acumulación de toxinas en un momento u otro. Ya sea debido a una sobrecarga alimenticia, a un exceso de estrés o de trabajo, a una enfermedad o sencillamente debido a una mala higiene de vida, una cura siempre es bienvenida.
Es imprescindible en caso de cansancio crónico, de dificultad en el sueño, de erupciones cutáneas y piel apagada, problemas intestinales, ojos hinchados y con ojeras, nauseas frecuentes y trastornos digestivos, dolores musculares y de articulaciones, alergias, cabellos sin brillo o grasos, migrañas, sudores nocturnos, mal aliento, retención de agua, cambios de humor, ansiedad, depresión, estrés agudo...
Por el contrario no es aconsejable para mujeres embarazadas o que den el pecho, los niños y adolescentes, y las personas que sufran una enfermedad, diabetes, problemas renales y trastornos alimenticios..