Aunque nadie se atreva a decirlo, cada una de nosotras sueña con que un día, por arte de magia, empecemos a odiar el chocolate, el queso, el pan, la charcutería, las patatas fritas, la mahonesa y la chantilly. Pues ya puedes seguir soñando, porque todavía no ha llegado ¡ese ansiado día!
Si no estás dispuesta a olvidar degustar algunos de esos productos, ¡esto no va contigo!
Si la hipnosis puede tener un efecto muy eficaz en nuestras tentaciones alimenticias, es sólo en la medida en que nosotros lo deseemos de verdad. Es una experiencia que tiene que realizarse con conocimiento de causa. Si no estás motivada para hacer un régimen, la hipnosis no te va a obligar a hacerlo. La hipnosis no es más que la sugestión sobre el inconsciente. Si tu consciencia quiere seguir disfrutando, nada más salir de la consulta irás directa a la pastelería.