El chocolate tiene su origen en un arbusto, el cacaotero o árbol del cacao. Se cultiva en países cálidos y produce unos frutos de unos 20 cm que contienen pequeñas granas: las semillas del cacao.
Una vez cosechadas, estas semillas se someten a un proceso de fermentación, secado, limpieza y calibrado, antes de ser trabajadas en las chocolaterías. Se procede a la torrefacción (de ahí su color marrón característico) para desarrollar sus aromas y se después se muelen.
A la mezcla obtenida se le añade azúcar en polvo, manteca de cacao (o lecitina para los productos menos caros) y en ocasiones se puede añadir leche concentrada o leche en polvo. Se obtiene una pasta líquida lista para ser vertida en moldes y obtener de este modo el chocolate sólido.
Nota: el chocolate blanco no contiene componentes sólidos del cacao, tan sólo manteca de cacao a la que se añade azúcar, leche y aromas.