 |
El desayuno es una de las comidas esenciales. Debe cubrir el 25% del aporte energético diario, es decir, entre 350 y 450 calorías según las necesidades diarias de cada uno.
Para garantizar que este sea variado, debe contener lo siguiente:
> Una bebida, para el agua. Beber por la mañana permite limpiar el organismo, algo necesario tras pasar la noche. Puedes tomar un vaso de agua fresca y luego un café o un té, preferiblemente sin azúcar.
> Una fruta, para las vitaminas y los minerales. Es mejor si tomas una pieza de fruta en vez de sus derivados en zumos o compotas. Contienen más fibras y menos azucares, así que sacian más.
> Un producto lácteo, para las proteínas y el calcio. Un yogurt, leche, queso fresco… Da lo mismo, siempre y cuando sea semidesnatado y natural. También se pueden reemplazar por otro alimento proteínico como una rebanada de jamón, un huevo o queso, siempre y cuando puedas eliminar o reducir la grasa.
> Cereales, para los azucares lentos. Pan, cereales, bollería, pan de leche…: proporcionan almidón al organismo y evitan así los bajones. Si tomas pan, le puedes añadir materias grasas crudas (mantequilla) o azucares simples (mermelada o miel).