El desayuno es tan importante como la comida o la cena y tiene unas funciones muy precisas:
> Tonificar las células. Tras una noche de ayuno, el organismo necesita agua, proteínas, lípidos y carbohidratos, pero también vitaminas y minerales para asegurar una reposición celular.
> Preparar la jornada. Durante la noche, el cuerpo crea continuamente glucosa para que los órganos vitales puedan funcionar. Por la mañana tenemos que recuperar toda la energía.
> Regular el apetito, por tanto, el peso. Cuando nos saltamos el desayuno favorecemos un sistema de compensación por el organismo, de este modo, el cuerpo reserva la grasa aportada en otras comidas. Está científicamente demostrado que las personas que no desayunan son las que más problemas de peso tienen.