Al margen del hecho de comer demasiado o mal, el estrés es un importante factor que puede provocar un aumento de peso. Cuando estamos estresadas solemos comer más alimentos grasos y dulces, por su efecto reconfortante, pero que el organismo tiene tendencia a almacenar.
De hecho, un estilo de vida demasiado acelerado conlleva con frecuencia un detrimento de la buena alimentación: saltarse las comidas, abusar de los platos precocinados, picar entre horas…
Moraleja: el control del peso pasa primero por una buena higiene de vida en general. Te proponemos una serie de consejos para estar relajada y en forma.