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Nacida en la India hace varios miles de años, esta disciplina fue codificada por primera vez por el que se ha considerado como el padre del yoga clásico, Patamji, en los comienzos de la era cristiana.
En su Yoga Sutra, describe los 8 aspectos del yoga y los compara con las ramas de un árbol: Yama (habilidad para comunicar con la no violencia en todas nuestras acciones), Niyama (práctica que consiste en deshacernos de todas las impurezas de nuestro cuerpo y encontrar la serenidad) Asana (práctica de las posturas), Pranayama (control de la respiración), Pratyahna (relajación cuando el espíritu es capaz de permanecer en un lugar sin ninguna distracción), Dharana (concentración), Dhyana (meditación) y Samadhi (última etapa de la realización personal, la liberación).
El yoga, que significa «unión» en sánscrito (lengua literaria de la India en la antigüedad) alía estas diferentes ramas. Es espiritual y corporal, y engloba un conjunto de técnicas: la meditación, el control de las emociones, la concentración, la respiración y las posturas corporales. Aunque existen varias escuelas, todas aspiran al mismo objetivo.