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La casa Cartier tenía la pantera como animal fetiche, y a partir de 2005 la orquídea se convierte en su flor emblemática.
Una flor fatal que ha permitido a la casa demostrar su "savoir faire" y su creatividad. Sus orfebres esculpen meticulosamente los pliegues y repliegues en el metal para recobrar la ligereza de las curvas.
Con el increíble trabajo de los engastadores de la firma, las joyas orquídea parecen auténticas flores.
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