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Es un hecho indiscutible: broncearse en la playa, después de un largo invierno, es muy tentador.
Lo que es menos tentador es volver a sufrir las quemaduras del sol, mientras que nuestra vecina de toalla ¡se broncea progresivamente, pero de manera segura, a golpe de vista!
Y sí, es injusto: no todos asimilamos el sol de la misma manera. Algunas se ponen rojas con los primeros rayos de sol. Otras pueden pasarse horas al sol, mientras otras se mueven a sol y sombra.
La única alternativa que te queda es descubrir en unos clics tu perfil solar y los productos que van con éste…
GS, MA 23/07/2008
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