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Estos sueños terroríficos tan espectaculares no son pesadillas. ¿Cuándo y porqué se producen?
¿Cuando?
Los terrores nocturnos se producen en general al principio de la noche, en la fase de sueño profundo, es decir en un fase de menor actividad cerebral.
¿Cómo?
Tu hijo grita, se levanta, se agita, balbucea, parece presa de una alucinación (intenta atrapar algo, huir…) Puede estar sudando, respirando muy deprisa. Tiene los ojos abiertos pero no te ve. Puede escucharte e incluso responderte pero sigue dormido y no podrás despertarle.
¿Porqué?
El cerebro de tu hijo todavía es inmaduro. Los terrores nocturnos podrían provenir de esta inmadurez neurológica. Estas manifestaciones se acercan bastante a los casos de sonambulismo que pueden afectar a otros niños. En realidad, sólo está “despierta” una parte del cerebro mientras la fase del sueño continúa. Ello puede provocar la preocupación de los miembros de la familia.
¿Cómo reaccionar?
Háblale suavemente, posa tus manos sobre él. A veces el simple contacto físico será suficiente para calmarle. Quédate a su lado hasta que sientas que su respiración retoma un ritmo regular, ello significa que se duerme. Si los episodios de terrores nocturnos se producen con frecuencia no dudes en consultarlo con tu pediatra y habla con tu hijo: puede ser que esté preocupado por algo en particular y sea una de las causas que origina los terrores. A diferencia de los sueños y las pesadillas, o guardará ningún recuerdo de los terrores nocturnos.
No te preocupes
Los terrores nocturnos desaparecen de forma espontánea en la mayor parte de los casos. Con el crecimiento, la madurez cerebral y neurológica se instala y estos fenómenos desagradables no vuelven a ocurrir. En la medida de lo posible, procura que guarde un ritmo regular a la hora de acostarse y evita que se acueste tarde. Acostarse a buena hora, favorece un sueño tranquilo y reparador. Si tu hijo es pequeño, procura que duerma la siesta.