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El niño grita, se despierta y a veces se levanta para ver a sus padres. Si se le habla o se le acaricia suavemente, se despierta, toma contacto con la realidad y se vuelve a dormir, más o menos fácilmente. Después de una pesadilla, el niño es capaz de contar su sueño o al menos explicar sus sensaciones (« he tenido miedo, había un lobo, estaba oscuro…”).
Encontrar las causas
¿No hay nada que hacer? Presta atención: ¿Las pesadillas tienen lugar todas las noches? ¿Tu hijo tiene un sueño realmente perturbado? Si todos estos signos se instalan más de unos diez días, habla con tu médico. Seguramente existe un problema latente, un conflicto familiar, que al no ser expresado, perturba a tu hijo y se manifiesta durante la noche. El simple hecho de evocar este problema con un pediatra, delante del hijo, puede ser suficiente para desbloquear la situación. Si no es el caso, será necesario consultar un pedopsiquiatra, que juzgará las medidas necesarias a tomar en cuenta. Pero sobre todo no dejes que el problema se instale, la situación no haría más que empeorar.