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Por supuesto, calmarle, consolarle, hablarle, cogerlo en brazos hablándole suavemente. No olvides que incluso los bebés de temprana edad pueden tener pesadillas. Si es posible, no enciendas la luz principal de la habitación, que lo despertaría completamente y retrasaría que se volviese a dormir. Deja por ejemplo la luz del pasillo encendida. ¡No te lances a dar grandes explicaciones, ni a la caza de lobos para demostrarle que no hay ninguno debajo de su cama!
- Al día siguiente, si es lo suficientemente mayor pídele que te cuente su sueño y que haga un dibujo. Te sorprenderá constatar hasta que punto este sencillo gesto puede ayudarle a superar los miedos y permitir tomar distancia respecto a los sentimientos que han generado la pesadilla.
- Explícale que los monstruos que aparecen en las pesadillas no existen realmente y que sólo son producto de su imaginación. Si te responde ‘ya lo se, pero las pesadillas no lo saben’ proponle que se lo prevenga por la noche antes de acostarse.
- Habla con tu hijo (es sin duda lo más importante) para saber lo que le preocupa. Si la llegada de un hermano pequeño le perturba, deja que exprese sus sentimientos. Explícale que no te vas a enfadar por eso, que es normal sentir celos de un nuevo hermano.
- De forma general, adopta una postura de escucha, de apertura hacia él. Se sentirá amado, respetado, y sentirá tomado en cuenta. Seguro que el período de pesadillas será breve… aunque pueden volver a surgir.