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La lactancia se realiza a la demanda. El bebé reclama cuando tiene hambre y toma exactamente la cantidad que necesita, la cantidad dada por la madre a medida que lo pide. Por eso la “falta” de leche no existe.
Durante las primeras semanas, el ritmo puede parecer intenso. Es normal, el sistema digestivo de tu bebé todavía no está maduro. Puede mamar a menudo y con pequeñas cantidades. No te preocupes si tienes que dar el pecho hasta diez veces o más al día… La leche materna se digiere muy rápidamente, aproximadamente en 20 minutos, con respecto a cuatro horas para la leche industrial.
Tampoco estés pendiente del reloj: la duración de las tomas no tiene importancia. Puede ser más larga a propósito (una hora…). Si tiene mucha hambre, el recién nacido tiene tendencia a echarse encima enseguida, pero una vez que está en ello, necesita tomarse su tiempo, disfrutar un poco del momento de cariño. Déjalo que se tome su tiempo, forma parte de la construcción de la relación entre la madre y el hijo y del buen funcionamiento de la lactancia. Porque existe una estrecha interacción entre la demanda del bebé y la producción de leche de la madre.
Resultado: cuanto más tome el pecho, mayor será la producción de leche materna. Puedes responder perfectamente a las necesidades de tu bebé.