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El papel del padre es diferente pero esencial para el buen equilibrio de la vida familiar y por tanto para el equilibrio del bebé: «Un niño es cosa de dos, la educación se hace con los dos. El padre no debe sentirse excluido por una madre demasiado centrada en el niño, ni excluirse él mismo, estimando que se convertirá en padre más tarde… »
En efecto, aunque el padre se reconoce como tal una vez que coge a su hijo en brazos, su papel físico antes del nacimiento es fundamental. Hasta tal punto, que para Daniel Bailly, un padre que no asiste a la consulta, que no hace preguntas sobre el desarrollo del embarazo o sigue viviendo como si no pasara nada, envía de forma involuntaria signos preocupantes sobre el futuro de su relación con el niño.
Para detectar este tipo de dificultades, Daniel Bailly afirma que sería necesario realizar una auténtica consulta paterna prenatal, o incluso una verdadera preparación al nacimiento para los futuros padres. «La presencia de los padres en las sesiones de preparación al parto, está bien, pero no constituye una respuesta específica de los padres.»