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Debido a que el nacimiento siempre ha estado ligado a la muerte, el parto está rodeado de numerosos ritos destinados a proteger la vida del hijo y facilitar su llegada al mundo.
Facilitar la apertura
Para que el bebé pueda salir, es necesario que el cuello de útero se abra. Un rito universal consiste en practicar gestos que ayuden a la apertura. Para favorecer la dilatación del cuello, las mujeres que participan en el parto sueltan y deshacen todo lo que está unido y cerrado… En Marruecos por ejemplo, la parturienta tiene que estar desnuda con el cabello suelto. En la India, la futura madre se suelta el pelo y se quita los anillos, pulseras y collares, y de dejan las puertas de la casa abiertas.
Alejar los malos espíritus
En las creencias populares, el parto puede ser propicio a la infiltración de fuerzas nocivas. Conviene preservar el hijo y la madre de los malos espíritus. De este modo en lugar de abrir, en ciertas culturas se cierra todo.
En México se cierran puertas y ventanas, si hay grietas en las paredes se obstruyen con la ayuda de trapos. En Europa hace algunos siglos se cerraban puertas y ventanas y se encendían las chimeneas porque el fuego alejaba a los espíritus y protegía a la madre contra el frío. Una costumbre que todavía se practica en algunos países de Asia, donde el fuego debe arder permanentemente incluso después del parto, durante un mes.