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Mientras en occidente se tiran el cordón umbilical y la placenta, estos elementos son el objeto de ritos específicos en numerosas culturas en las que se les atribuyen poderes sobrenaturales.
Las virtudes del cordón
Una vez cortado el cordón, se suele enterrar al lado de un árbol debido a sus numerosas virtudes nutritivas. A lo largo de los años, el árbol crece y se piensa que su estado depende de la salud del niño. En otras culturas conservan el cordón como un amuleto. Se cuelga alrededor del cuello del niño en la India o en México, mientras en Turquía se esconde en un rincón de la casa. En otras culturas tradicionales se consume el cordón, para curar cólicos y otros males, o para reforzar los lazos de la familia.
El control de la placenta
En algunas culturas se considera que la placenta es el hermano gemelo del niño que acaba de nacer. Les une un lazo sobrenatural que conviene preservar y controlar. En Mali se piensa que la placenta puede provocar que el niño esté de mal humor, o incluso hacer que enferme. Una vez lavada y seca, se coloca en un recipiente que el padre se encargará de enterrar. En Camboya, la placenta se envuelve cuidadosamente en una hoja de platanero y se deja al lado del recién nacido durante 3 días antes de enterrarla en el suelo. En algunas regiones de América del Sur, en Corea o en la isla de La Reunión, se neutraliza la placenta quemándola después de la expulsión.